viernes, 9 de octubre de 2015

Citania de Briteiros

Descripción

La Citania de Briteiros se encuentra en el monte San Romão (336 m), a unos 15 km al N-NO de Guimaraes (provincia de Minho).

El monte San Romão se localiza en la margen derecha del río Ave, junto al acceso que por el O conduce a las cumbres de la Sierra do Sameiro. Al E, más allá del río, se divisan las cumbres que separan los valles del Ave y de Vizela y, por detrás de ellas, el monte da Penha. Debido a su situación estratégica, desde la citania se podía dominar la navegación fluvial y la ruta comercial entre el litoral y las montañas del interior, así como el corredor natural de circulación S-N que va del valle del Duero al del Miño, por donde en época romana se construyó la vía que unía Bracara y Emerita Augusta.


Las primeras excavaciones de la citania de Briteiros fueron realizadas por Martíns Sarmento (1875-1889), después las continuó Mário Cardozo (1930-1950) y entre los años 2005 y 2010 se realizaron sondeos puntuales en la acrópolis.



Actualmente, el área urbanizada conocida corresponde a la parte superior de la citania o acrópolis, delimitada por la primera muralla y las edificaciones de la ladera E, lo que supone en total una superficie de unas 7 ha con aproximadamente 104 unidades habitacionales, dispuestas en barrios separados por calles pavimentadas y delimitadas por muros. El área excavada hasta el momento supone algo menos de la mitad de la superficie total, dejando al descubierto los estratos superiores que corresponden al siglo I a.C y posteriores.


La citania de Briteiros fue declarada Monumento Nacional en 1910.


Las murallas

Además de la defensa natural que supone la fuerte pendiente de las laderas, la citania contaba con tres líneas de murallas y una cuarta al NE, que la delimitaban y de las que actualmente se han reconstruido unos 2500 m.


La anchura de las murallas es de unos 2 m, aunque llega a los 3 m en los puntos más reforzados, y su altura varía entre los 2 y 4 m. La primera línea de muralla delimita la parte superior de la citania y se sitúa en la parte O del castro. Presenta un corredor de circulación interno y aún conserva una de sus puertas. 


Desde lo alto de esta muralla se observan las otras tres, dispuestas a lo largo de la ladera NO. En la ladera N, que es el lado más vulnerable de la fortificación, las tres murallas están muy próximas, entre unos 30-40 m una de la otra. Además, en esta zona existe un cuarto muro avanzado perpendicular a la muralla exterior y situado a unos 150 m de ésta, así como dos fosos excavados en la roca. Por el E, la muralla interior está a unos 40 m de distancia de la media y a unos 100 m de la exterior.

La segunda muralla corre paralela a la primera por el E hasta el extremo SE de la cumbre, donde se encuentra la casa del Concello

Casa del Consejo

Desde este punto desciende en dirección S describiendo un amplio arco. La tercera muralla es la más larga y su trazado es irregular. Se dirige hacia el NO separándose de las dos anteriores, de manera que delimita un área muy amplia.

Las tres murallas convergen al NE y en ellas se distinguen al menos siete puertas de acceso, cuyas dimensiones varían entre los 1,5 y los 2,5 m de largo. En algunas aún se aprecian los rebajes en la piedra en los que encajaban las puertas de madera, que se abrían en vertical, de abajo a arriba. También se han excavado escaleras y rampas que permitían acceder a la parte superior.

Las murallas cumplían varias funciones. Además de proteger una superficie intramuros de unas 24 ha, también servían para controlar la circulación interna y para separar el  interior de la citania en barrios, según las clases sociales y las actividades y labores realizadas en cada uno de ellos.

Para algunos investigadores la existencia de unas defensas tan formidables demuestra que estas poblaciones se encontraban en un estado de guerra permanente, mientras que para otros su función era sobre todo simbólica, como expresión de poder y para intimidar y disuadir a los enemigos.


El urbanismo de la citania

Las grandes citanias del NO peninsular fueron construidas siguiendo un “proto-urbanismo castreño de influencia mediterránea” (Sande Lemos),  que se caracterizaba por un diseño basado en un eje principal, de N a S, que se ramificaba ortogonalmente en calles transversales formando barrios, los cuales a su vez se subdividían, por lo general, en cuatro unidades habitacionales en cada una de las cuales residían los miembros de una familia extensa. Las unidades habitacionales estaban compuestas de 4-5 edificaciones circulares y angulares, que convergían en un patio común con el suelo enlosado.


Este primitivo diseño urbanístico es característico de la Segunda Edad de Hierro (entre el siglo II a.C y la campaña militar de Decimus Junius Brutus en 137 a.C).  Algunos autores lo interpretan como una muestra de la influencia romana, lo mismo que la construcción de edificios públicos de carácter político, religioso o utilitario, mientras que para otros es el resultado de los contactos existentes con los ámbitos iberos y púnicos. En todo caso, de lo que no cabe duda es que la estructura básica del poblado es anterior.


Las excavaciones han dejado al descubierto al menos seis ejes, siendo el principal el de la  calzada más larga y ancha que cruza la citania en dirección SO-N, pasando junto a la sauna, subiendo por la ladera E y atravesando los barrios residenciales hasta acabar en el sector NE de la acrópolis. De esta gran calzada parten hacia el O dos calles al pie de la ladera, mientras que al NE se cruza con otra calle que divide en la acrópolis en dos, de E a O. 


La calle principal de la acrópolis discurre de NE-SE y de ella parten otras dos calles en dirección SE, las cuales descienden por la empinada ladera hasta desembocar en el eje central que une la planicie superior con la terma.


Este sistema de calles ascendía hasta la acrópolis salvando la fuerte pendiente de manera suave y adaptándose a la vertiente oriental del poblado. Es posible que todas las calles estuvieran pavimentadas con una argamasa dura de arena granítica compactada, sobre todo en las zonas en las que la superficie era más irregular. En otras, sin embargo, no era necesario ya que las propias rocas cumplían esta función.

Las viviendas

El sistema de calles descrito conformaba una serie de barrios que a su vez se dividían en unidades habitacionales, cada una de ellas delimitada por un muro y compuesta por varias construcciones, por lo general de planta circular, una de las cuales era la habitación principal de la familia mientras que en las otras residían los demás miembros. También había dependencias de planta rectangular que se empleaban como almacén para los aperos, despensa o establo, así como unas pequeñas cisternas en las que se almacenaba el agua de lluvia.

Los muros de las viviendas tenían una anchura de 40-50 cm y contaban con dos revestimientos, el interior de piedras pequeñas dispuestas irregularmente y el exterior de piedras mayores, unidas con una argamasa a base de tierra y barro. El diámetro interior de las viviendas era de alrededor de 5 m y el suelo no solía estar empedrado sino que estaba cubierto de arena fuertemente compactada. Probablemente cada dependencia tendría su propio techo, aunque cabe la posibilidad de que fuera único para todas ellas. 


Cada uno de estos complejos o unidades habitacionales orientaban las puertas de las distintas estructuras hacia un patio central, frecuentemente enlosado, en el que si situaban uno o más bancos. 


Este patio era el punto central de la vida familiar donde se realizaban las tareas cotidianas, se cocía la cerámica y se desarrollaba la metalurgia del bronce y el hierro.


En la acrópolis, donde residían las familias más importantes, existían al menos ocho  bloques de viviendas cada una de ellos compuesto por 6-8 unidades habitacionales. En esta zona se encuentra una edificación de grandes dimensiones, donde probablemente se reunía el consejo del poblado, y también podemos ver dos casas reconstruidas, aunque de manera incorrecta, ya que sus paredes son demasiado altas y no se corresponden con el tamaño de las originales.


En una de las viviendas, situada en uno de los puntos más altos de la citania, apareció una inscripción en latín diciendo que se trataba de la Casa de Coronero, hijo de Câmalo, nombre muy frecuente en la antroponimia del NO peninsular. En esta vivienda, Martins Sarmento halló gran número de elementos arquitectónicos decorados, lo que parece indicar una relación entre el estatus de la familia y la ornamentación de las paredes.

Dintel de la casa Camalo. Museu da Cultura Castreja (San Salvador de Briteiros)

Las excavaciones realizadas en la ladera E de la citania han dejado al descubierto dos núcleos residenciales en los que predominan construcciones rectangulares con diferentes estructuras internas, algunas de ellas circulares, así como un sector destinado a establos para los caballos y almacenes con estructuras de madera. También es de destacar que al O de la citania existe un  “domus”, que dataría de la fase romana del poblado.

La casa del consejo

Al S de la acrópolis se encuentra la casa del Consejo, un edificio circular de alrededor de 11 m de diámetro, en cuya pared interior hay un banco corrido. Está situado en una zona amplia y despejada junto a la primera muralla, sin viviendas próximas. Desde este lugar se contempla un amplio panorama del río Ave y gran parte del área de influencia de la citania: las tierras cultivables situadas entre la Ribeira da Várzea y el río Ave, la parte navegable del río y el corredor natural entre los valles del Miño y el Duero.


En este enclave privilegiado se reunía el órgano colegiado que gobernaba el poblado y se encargaba de la toma de decisiones, y que estaba formado por los ancianos y notables de los principales linajes y familias.

Las saunas

La citania de Briteiros disponía de al menos dos saunas, una de las cuales (Briteiros I) se conserva íntegramente, mientras que de la otra (Briteiros II) tan sólo se ha salvado su pedra formosa. Ambas estaban provistas de un horno donde se calentaban las piedras sobre las que se vertía agua para producir vapor, una chimenea, cámara caliente, antecámara abierta y patio con pilón para baños de agua fría.

La sauna de Briteiros I se encuentra al SO a unos 100 m del núcleo principal del castro, dentro de los muros del poblado entre el recinto medio y el exterior, cerca de la puerta de acceso de la muralla. Esta separación se explica por la menor dificultad para excavar en las partes más bajas del monte, al no haber afloramientos graníticos, y por la facilidad para captar el agua necesaria para el balneario.


Esta sauna fue descubierta en septiembre de 1930, cuando se realizaban las obras de construcción de la carretera nacional 309 entre Briteiros y Braga, la cual cortó dos líneas de murallas situadas en la ladera E. Tras una negociación se llegó al acuerdo de desviar la carretera, lo que permitió preservar el edificio, el cual fue excavado y restaurado por Ricardo de Freitas Ribeiro poco después de haber sido descubierto. Su estado de conservación es muy bueno y la planta del edificio se ha conservado íntegramente, aunque la cubierta fue levemente afectada por la construcción de la carretera y la canalización de piedra que abastecía de agua al balneario fue destruida totalmente.


La longitud total del edificio es de 12,40 m y el acceso desde el exterior se hacía a través de tres tramos de escalera que descienden a un patio a cielo abierto y orientado al O.SO, de 3,90 m de largo y 3,10 m de ancho, con el suelo enlosado con piedras pequeñas e irregulares. Este atrio podía ser tapado en otoño e invierno con una cubierta de ramas que se retiraba cuando llegaba la primavera. En la parte O del patio hay un tanque de agua de 2,80 m de largo y 1 m de ancho, con dos lados comunes a las paredes del patio y el lado largo exento formado por losas verticales de 75 cm de altura y 20 cm de grosor. El borde superior de este lado está desgastado, como si en él se hubiera afilado instrumentos metálicos, formando varios arcos. 


La pila recibía el agua que era llevada desde una fuente, actualmente seca, situada a mitad de la ladera NE del castro, mediante un canal de piedra que en su día estaba cubierto con losas. 

Aljibe de agua y canalización que conducía el agua a la terma.

El caño, en su parte final, se bifurcaba de modo que el agua se podía enviar al tanque o desviarla al exterior de la sauna. El patio cumplía una doble función, como vestuario y para darse baños fríos, con abluciones o inmersiones parciales en la pila.

Tras el patio, pasando una puerta, se encuentra una antecámara rectangular de 2,55 m de largo por 2,20 m de ancho, que estaba soterrada y cuyo suelo está formado por tres losas. La cubierta consiste en un tejado de losas a dos aguas. Al no existir un cierre que la aislara del patio y evitará la pérdida de calor, es de suponer que la entrada podía estar tapada con alguna tela o cortina. La antecámara constituía la estancia templada, donde el cuerpo se iba aclimatando antes de pasar a la temperatura cálida de la cámara.

Al fondo se sitúa la pedra formosa, un monolito de gran tamaño rematado a dos aguas, que sirve de separación entre la antecámara y la cámara, aportando una gran estanqueidad y por tanto un mayor aislamiento, impidiendo que se escape el calor. 


El único acceso a la cámara se realizaba por un estrecho hueco semicircular situado en la base de la pedra formosa, por el que puede pasar un individuo ayudándose de unos pequeños asideros labrados en la propia piedra.

La parte anterior de la pedra formosa, que da a la antecámara, presenta una decoración probablemente de tipo ritual con triskeles y otros motivos, así como una pequeña inscripción latina “AVCA”. En su parte posterior, la de la cámara, hay grabados unos surcos y un círculo con una cruz inscrita.


Al otro lado de la pedra formosa encontramos una cámara de planta rectangular de 2,90 m de largo y 2,20 m de ancho. Su suelo está cubierto con tres grandes losas de granito, en cuyo centro hay un caja rectangular de 30X18 cm. Las paredes laterales tienen una altura de 1,10 m y 25 cm de grosor, constando la derecha de cuatro losas rectangulares y verticales y la izquierda de tres. Esta cámara estaba cubierta por un techo a dos aguas de losas de 1 tm de peso cada una y se hallaba totalmente enterrada.


La última dependencia es la cabecera, orientada al E.NO, en la que se encuentra el horno y a la que se accede desde la cámara mediante una puerta rectangular de 1,56 m de largo por 1,10 m de ancho, con dos jambas sobre las que reposa un dintel. En este horno se calentaban unos bloques de granito y cuarzo, mineral de gran capacidad calorífica y resistencia a la fractura por enfriamiento brusco, sobre los que se echaba el agua para producir vapor.


El horno tiene planta de herradura (ultra semicircular), con un eje de 2,20 m y el otro de 1,80 m, y está provisto de una chimenea en falsa cúpula de mampostería de grandes bloques, en cuyo remate hay un orificio circular para la salida del humo. El pavimento es de losas pequeñas e irregulares y sus paredes, aparejadas con dos hiladas de grandes sillares verticales de 1,40 m de altura, se curvan ligeramente hacia el interior. Sobre esta hilada hay una tercera de piedras de menor tamaño. La altura de la cámara es de 1,70 m y se conservan dos losas de su techo plano, una de las cuales sirve de dintel a la puerta de entrada antes descrita y a través de la cual el calor pasaba a la cámara.


En 1932 se descubrió un segundo balneario (Briteiros II) a unos 600 m del anterior, en la zona NE de la citania entre la muralla exterior y la media, que resultó prácticamente destruido en su totalidad por la construcción de la EN 309, aunque afortunadamente se salvó su pedra formosa. Era un edificio con cabecera circular y aún conservaba restos de las paredes laterales de 1,30 m de altura y de la cámara rectangular, con suelo cubierto por tres grandes losas graníticas, a la que se accedía a través de una antecámara rectangular de unos 3,20 m de longitud y paredes de 1,40 m de altura.

La excepcional pedra formosa de Briteiros II presenta una decoración única que rompe con los diseños clásicos para este tipo de piezas, en la que podemos apreciar lo que parece ser una cabaña hecha con urdimbres de cesta y con tejado en punta, ante la cual aparece una posible representación de un antropomorfo con brazos y cabeza. Podemos contemplarla en el Museu da Cultura Castreja (Solar da Ponte. San Salvador de Briteiros), donde además hay una interesantísima exposición de diversos restos hallados en las excavaciones de 2002, 2005 y 2006.



Estrabón (III, 3, 6) describe estos balnearios del NO peninsular, donde los habitantes de los castros tomaban baños de vapor y después se lavaban con agua fría. Los usuarios bajaban por unas escaleras hasta el patio exterior, donde se desvestían y lavaban. Luego, para ir aclimatándose, pasaban a la antecámara donde había una temperatura templada. Desde aquí, a través del agujero de la pedra formosa, accedían a la sauna de la cámara. Luego se realizaba el recorrido en sentido inverso para finalizar en el patio donde los usuarios se daban un vigorizante baño frío.


Si bien estas saunas eran públicas, no se puede determinar si su uso era abierto a todos los habitantes o limitado para determinados grupos o familias. Sabemos que este tipo de construcciones indígenas no son fruto del contacto con los romanos, sino que probablemente tengan un origen indoeuropeo precéltico. La simbología religiosa de las pedras formosas lleva a algunos autores a suponer que en estos balnearios tenían lugar rituales iniciáticos de guerreros castreños, mientras que otros hipotetizan con la posibilidad de que se realizaran baños rituales de carácter medicinal, en los que se empleaban aceites, plantas y otros elementos. Este tipo de baños sanatorios, en los que intervienen el fuego, el agua y el vapor, son característicos del ámbito cultural indoeuropeo y védico.

Otros restos arqueológicos

En las distintas excavaciones realizadas en la citania de Briteiros, principalmente por Martíns Sarmento y Mário Cardozo, se han encontrado un gran número de objetos y utensilios que nos permiten conocer cómo era la vida de sus habitantes.

Entre los restos pétreos hay amarraderos para el ganado y pías para el alimento de animales domésticos, muelas de molino, pulidores, trituradores y pesos de redes. Por lo que se refiere a objetos de metal los hay de bronce, como armas, aperos agrícolas, calderos, cuentas con serpentiformes grabados, fíbulas (algunas con incrustaciones de plata) y alfileres para el pelo. Entre los utensilios de hierro se encontraron puntas de lanza, un sacho y hachas. También aparecieron pequeñas barras de plomo y de estaño.

Amarradero para el ganado. Museu da Cultura Castreja (San Salvador de Briteiros)

El material cerámico indígena corresponde a objetos de uso doméstico, como cerámica lisa, principalmente loza de cocina y mesa. Otro objeto encontrado es una hermosa taza de vidrio de color verde claro. También hay que mencionar la existencia de indicios de cremaciones realizadas en el interior de las viviendas, en fosas o bajo las losas de los patios. Así, en una esquina en el interior de una casa, se halló un vaso que contenía unos aretes de oro y que parece ser la urna funeraria de una mujer.

Vaso funerario.
Museu da Cultura Castreja

(San Salvador de Briteiros)

En Briteiros se encontraron dos esculturas humanas realizadas con una técnica muy tosca. Una es un bajorrelieve de 40X30 cm con representaciones de dos figuras humanas y la otra una estatua femenina de 45 cm de altura. 

Bajorrelieve. Museu da Cultura Castreja (San Salvador de Briteiros)

No lejos, en el cercano castro de Santa Iria, se halló una cabeza de piedra.

Cabeza humana del castro de Santa Iria.
Museu da Cultura Castreja
 (San Salvador de Briteiros)

Por último señalar que también aparecieron restos de época romana, como 84 monedas correspondientes a un amplio período de tiempo que va desde la República, como las monedas consulares (Gens Aemilia, Gens Antonia, Gens Claudia, Gens Porcia, Gens Thoria y Gens Calpurnia), a los reinados de Octavio, Tiberio, algunas de los Flavios  y Antoninos (segunda mitad siglo I d.C y siglo II), de la época imperial y la más reciente de Constantino Magno, lo que permite suponer que la citania fue habitada hasta el siglo IV de nuestra era.

Por lo que se refiere a la cerámica romana, han aparecido ánforas del I a.C al I d.c,  cerámicas rojas y del tipo terra sigillata de los siglos I y II, así como restos de cerámica indígena con la inscripción latina CAA.

La influencia romana se aprecia en diversas inscripciones con grafías latinas toscamente grabadas, probablemente por algún indígena: CAMAL, CRON...CAMALI, CAMALI DOMI CATVRO, CORONERI CAMALI DOMUS, CANICI, LARI, AVREI, CATVRO VIRIATI, TALABARI, CORV...ABE...MEDAMVS CAMALI. Como se puede apreciar, muchas de ellas se corresponden con antropónimos ibéricos, como Camalus, Aureius, Lárius, Canicus, Caturo, Viriatus o Talabarus.


Dintel de la casa Coroneri-Camali. Museu Arqueolóxico da Sociedad Martíns Sarmento (Guimarães)

Los pobladores de la citania de Briteiros y su organización social y económica.

Monte San Romão pudo haber sido un lugar sagrado para las comunidades neolíticas y calcolíticas, como lo atestigua la presencia de grabados rupestres que se remontan al Neolítico Final y Calcolítico. La mayor parte de estos petroglifos debió resultar destruida en el proceso de edificación de la citania y tan sólo se conservan algunos  motivos circulares y dos grabados pediformes en la zona del balneario. 

Petroglifo pediforme

Los restos arqueológicos más antiguos que han llegado a nuestros días, corresponden a la población de principios del I milenio a.C, en la denominada Edad de Bronce Atlántico Final (siglos X-IX a.C). 

¿Quiénes eran estos indígenas que vivían en Portugal y el S de Galicia? Tradicionalmente se denominan Oestrymnios a los aborígenes del NO de la Península Ibérica. Se trata de una antigua población eneolítica y posteriormente de la Edad de Bronce, probablemente procedente del N de África. 

Autores como Ptolomeo, Plinio y Mela describen a las tribus prerromanas que habitaban el SO de Galicia y NO de Portugal y las denominan como grovii, limici, leuni, seurbi, brácari...  A ojos de los geógrafos e historiadores griegos y romanos, estas tribus constituidas de manera natural por familias y clanes, formaban un pueblo salvaje que había convertido la guerra en una de sus principales ocupaciones. Las primeras referencias en textos históricos sobre estas poblaciones indígenas son las que aparecen cuando se incorporaron como mercenarios en los ejércitos cartagineses de Aníbal en el siglo III a.C. A pesar de esto, actualmente son muchos los autores que ponen en cuestión el carácter guerrero de estas poblaciones y consideran que sus principales ocupaciones eran la agricultura y la ganadería.

Sin duda el motivo que llevó a los brácaros a establecerse en Briteiros fue su enorme importancia estratégica, al tratarse de un punto intermedio entre el litoral, los ríos Miño y Duero y las montañas del interior. Desde este emplazamiento se dominaba el valle del río Ave, a través del cual llegaban los productos procedentes de la costa, principalmente la sal, así como bienes de lujo de origen mediterráneo, como telas o cuentas de collar. A la vez, desde el interior se llevaban hacia la costa metales, como el oro, la plata y el estaño.

Además, los brácaros de Briteiros disponían de gran variedad de recursos alimentarios. La agricultura se desarrollaba en los valles de las vertientes que se extendían hasta el Monte do Sameiro. En los prados húmedos se cultivaba millo y lino y en los más secos trigo y cebada. Al principio las semillas eran introducidas en piedras cóncavas y se aplastaban a mano con una piedra cilíndrica, pero alrededor del siglo IV a.C se comenzaron a utilizar los molinos en los que una muela de piedra giraba sobre otra fija. La cebada fermentada se empleaba para elaborar cerveza y con la llegada de los romanos comenzó el consumo del vino.

Molinos

Los bosques de roble y alcornoque suministraban bellotas para el ganado porcino y quizás también para las personas, mientras que en las laderas de las montañas situadas al N y NE, en dirección a las cumbres de Falperra y Sameiro, se alimentaba y criaba ganado bovino, ovino y caprino. Además, el río Ave, situado a menos de 30 minutos caminando desde la citania, les proporcionaba pescado y también pepitas de oro que obtenían cribando las arenas de las playas fluviales.

También disponían de abundante material de construcción proveniente de los enormes afloramientos graníticos situados en la parte superior del monte. Para la extracción de la piedra se empleó un método que consistía en realizar líneas de fractura en las rocas mediante pequeños orificios, en los que se introducían cuñas de madera que se dilataban al ser mojadas, lo que provocaba que el granito se quebrase al ejercer presión sobre él.

Los restos arqueológicos encontrados muestran como los habitantes de la citania de Briteiros se organizaban en grupos familiares especializados en determinadas actividades, como por ejemplo la metalurgia o la fabricación de cerámica para consumo propio y para su venta. 

Dintel con grabados de herramientas de herrero.
Museu Arqueolóxico da Sociedad Martíns Sarmento 
(Guimarães)

El progreso económico vinculado a la metalurgia, llevó aparejada la aparición de artesanos especializados que se agrupaban por barrios, como lo demuestra el hecho de que en sus viviendas aparecieran grabados decorativos específicos de su trabajo, como por ejemplo tenazas.

 Jambas con grabados de tenazas. 
Museu da Cultura Castreja (San Salvador de Briteiros)

Las diferencias entre las distintas construcciones, su decoración y los utensilios hallados, reflejan que existían apreciables diferencias sociales y económicas entre los habitantes. La necesidad de defensa de los bienes producidos, de elevado valor económico, así como el desigual reparto de la riqueza, se tradujeron en un aumento de la jerarquización a favor de una oligarquía de carácter militar que ocupaba sus propios barrios en el centro de la acrópolis, donde se han encontrado los nombres de muchas de estas familias grabados en numerosas inscripciones en latín (Corenerus Camali, Medamus Camali..).

Los ancianos y notables de estos linajes dominantes se reunían en la gran casa del Concello, al S de la acrópolis, donde decidían cómo se tenía que realizar el reparto de los recursos colectivos y resolvían los problemas, querellas y litigios que les eran planteados.


La influencia romana.

La presencia romana en Galicia comenzó en el 137 a.C con la campaña de castigo contra la Lusitania emprendida por Decimus Junius Brutus y que le llevó hasta el río Limia, para después continuar avanzando hasta el Miño y alcanzar la costa. Decimus Junius Brutus se enfrentó a los brácaros, a los que sometió pese a que en su ayuda acudieron sesenta mil galaicos de las tierras situadas al N del Miño. La derrota infringida por Decimus Junius a los galaicos le valió el sobrenombre de Callaecus.

Con la llegada de los romanos se produjo una reestructuración política y militar de las poblaciones indígenas, que tuvo su reflejo en la reordenación del territorio. La población, que hasta entonces había habitado en pequeños castros, se agrupó en citanias con una gran densidad demográfica. El proceso de crecimiento de la citania de Briteiros fue constante hasta que alcanzó su apogeo en los siglos II-I a.C, llegando a ser el poblado fortificado más importante del NO peninsular y probablemente uno de los mayores de la fachada atlántica europea, con más de 1500 habitantes. En esta época, la citania de Briteiros funcionaba y se regía como una auténtica ciudad-estado, al igual que otras citanias situadas entre los ríos Duero y Miño.

La romanización del NO se produjo en el reinado de los Flavios (Vespasiano, Tito y Domiciano), del 69 al 96 d.C. Los romanos organizaron una red administrativa cuyos ejes eran: Bracara Augusta (fundada en 16 a.C ), Lucus Augusti y Asturica Augusta. Bracara era la capital de la Callaecia, que incluía toda Galicia, N de Portugal y la mayor parte de Asturias. Los pueblos del N de Portugal y los de las Rías Baixas estaban muy relacionados y mostraban gran similitud, diferenciándose claramente de los habitantes del N de Galicia y Asturias, que se hallaban más influidos por los cántabros.

La citania de Briteiros continuó siendo habitada durante los siglos I y II d.C, hasta probablemente el siglo IV de nuestra era. El dominio romano no parece haber influido en la vida del poblado, aunque la presencia de numerosos objetos, como ánforas de vino, loza de mesa de terra sigillata y vidrio, idénticos a los hallados en Bracara Augusta, hace pensar que las familias pudientes de la citania adquirían este tipo de bienes a los romanos.

A partir del siglo II la citania comenzó a despoblarse hasta quedar tan sólo una población residual, mientras que la mayor parte de sus habitantes se trasladaron a Bracara y a Caldas de Vizela. En estos dos lugares aparecen los nombres de las antiguas familias poderosas de Briteiros, como Camalo, sacerdote del Culto Imperial, o Medamus Camali , quien en Vizela dedica una inscripción al dios Bormânico.

En la Edad Media la citania volvió a ser poblada y en el siglo X se construyó una pequeña ermita en la parte más alta del monte, aprovechando los restos de la acrópolis.

Comentario final.

Resulta muy frecuente en la explicación de la protohistoria de Galicia y Portugal que, de manera recurrente, se apele a la llegada de invasores extranjeros (celtas, romanos, etc.) para explicar cualquier cambio social complejo producido en este territorio. Parece como si gran parte de nuestros historiadores fueran víctimas de una especie de complejo de inferioridad, por el cual interpretan que todo progreso histórico tuvo, a la fuerza, que provenir del exterior. Estos modelos difusionistas, invasionistas o migracionistas, presuponen que las poblaciones galaico-portuguesas arcaicas sufrieron algún tipo de proceso de cristalización, que carecían de cualquier atisbo de dinamismo propio, lo que les abocaba a esperar de manera estática a que algún “ente extranjero” viniera a sacarlas de su primitivismo.

Pues bien, existen evidencias arqueológicas innegables que permiten desechar todas esas teorías y acabar definitivamente con esta visión atrasada y subdesarrollada de la Galicia y el Portugal prerromanos. Es más, podemos afirmar que desde finales de la Edad de Bronce, la producción de oro y estaño convirtieron al NO peninsular  en un polo económico de primer orden, un eje comercial de la Europa occidental por el que transitaban productos de alto valor, tanto del área atlántica como mediterránea. Paralelamente, durante la Edad de Hierro, en el S de Galicia y el N de Portugal se desarrolló la arquitectura doméstica y el urbanismo más complejo y monumental de toda la Europa Atlántica.

Dentro de la cultura castreña galaica, la citania de Briteiros ocupa un puesto preferente, ya que probablemente sea el oppidum más importante de entre los más de 10.000 castros de la Edad de Hierro que aún se conservan en el NO de la Península (Zona de Douro, Minho, Tras-os-Montes, Galicia, Asturias y parte O de León). El complejo urbanismo de Briteiros, si bien puede tener algunos elementos en los que se aprecian influencias foráneas, obedece en su mayor parte a una respuesta original fruto de las comunidades indígenas protohistóricas.

Bibliografía:
Antonio García y Bellido. Cámara funeraria de la cultura castreña.1968.
Armando Coelho Ferreira Dasilva. A evolução do hábitat castrejo. 1995.
Francisco Sande Lemos. Citania de Briteiros.
Mário Cardozo. A última descoberta arqueológica na Citania de Briteiros.1931.
Sergio Ríos. Edificios balnearios en castros del NO de la Península Ibérica.2002.
Sociedade Martíns Sarmento Citania de Briteiros. Guimarães 2007. 

Las fotos de este artículo han sido realizadas por F. Javier Torres Goberna.