viernes, 17 de febrero de 2012

Edad del Bronce en Galicia

Período del Bronce I: 1.800 a 1.500  a. de J.C.

Sigue predominando la cultura de la etapa anterior, la metalurgia del cobre y la joyería de plata y oro. Se intensifica el comercio marítimo que ya existía en el eneolítico, ahora de la mano de navegantes mediterráneos que transportan el oro y el cobre gallegos a las islas británicas, la calaíta, el cobre, el estaño de Cornualles y el ámbar del norte de Europa. A través del comercio marítimo llegan a nuestras costas  nuevos cultivos, metalurgias y  armas innovadoras,  formas de navegación nuevas, y atuendos y  atavíos distintos a los tradicionales.

Durante este período y en todas las poblaciones atlánticas europeas, los enterramientos colectivos dejan paso a los individuales en pequeñas cistas sin túmulo en las que se depositan vasijas y joyas, lo que demuestra la creciente estratificación de la sociedad.  Algunas cistas presentan grabados que enlazan con el megalitismo, mientras que al aire libre hallamos los primeros petroglifos que suponen una ruptura con las antiguas tradiciones, al igual que sucede en el resto de la Europa atlántica. Los motivos de armas manifiestan el prestigio que éstas suponían y el aumento del belicismo. 

Sin duda las representaciones de alabardas más interesantes y de mayor tamaño de toda Europa, son las del grupo de petroglifos denominado Auga da Laxe I (Gondomar. Pontevedra) y corresponden a la segunda mitad del bronce I hasta el comienzo del bronce II.

El incremento de la metalurgia y su comercio supone   la diversificación y especialización del trabajo, así como un estratificación de la sociedad en base a los roles desempeñados y al estatus o posición social, el cual se manifiesta tanto por la posesión de armas como por la presencia de ajuares de joyas de oro y plata.  Los tesoros recuperados señalan de manera inequívoca  la existencia de una relación entre  la zona situada al sur del Miño con el área atlántica europea.

A esta época corresponde el mayor tesoro de oro encontrado jamás en Europa. Fue hallado en las proximidades de Caldas de Reis sobre 1940 y gran parte de él fue vendido por las personas que lo descubrieron. Se calcula que en total pesaba más de 40 kg pero sólo se recuperaron 36 objetos con un peso de 20 kg. Los objetos eran un peine de 200gr, dos cuencos y una jarrita decorados con incisiones, veintiocho anillas de oro macizo, tres barras y seis fragmentos de una gargantilla. Actualmente el tesoro está depositado en el Museo de Pontevedra.

Período del Bronce II: 1.500 a 1.200 años a. de J.C.

Es una fase de la que existen pocos datos debido al pequeño número de objetos hallados. Los contactos de Galicia con el exterior permiten la incorporación de nuevas técnicas por ejemplo en metalurgia con el  empleo de la aleación bronce con un 10% de estaño, lo cual supone un gran avance.

En Santa Eulalia de Tunés, Atios (Porriño) se halló una sepultura de cista rectangular de 1,54 x 1,30 m, formada por cuatro losas de granito y tapada por otra losa de 2 x 1,6 m y 25 cm de espesor. Esta cista se dató en el Bronce II o Proatlántico y en su interior se encontraron dos puñales de cobre, dos cilindros de una finísima placa de oro de 7 gr de peso decorada con entrantes y salientes, y un alambre espiriforme de sección romboidal  que pudo haber estado rematado por la cabeza de un ofidio.

Otro tipo de hallazgos lo constituyen las anclas líticas de dos orificios descubiertas en las islas Cíes, Cabo Home, Aldán y en la isla de Toralla, cuyo  diseño  es igual que el de otras encontradas en las costas de Libia y en el Mar Negro. Estas anclas gallegas están datadas alrededor del  1500 a. de J.C, tienen un peso que oscila entre los 11 y 80 Kg y presentan dos orificios que las atraviesan por sus caras planas, siendo mayor el agujero de la parte más ancha, que es elíptico o recto, mientras que el orificio de la parte más estrecha es circular. En la playa de Limens  se recuperó un ancla lítica de tres orificios cuyo diseño es igual al de las halladas en el templo sirio de Baal, lo que es una muestra más de la presencia de navegantes procedentes del Mediterráneo.

Período del Bronce III: 1.200 a 600 años a. de J.C.

Al principio de este período se forjan espadas pistiliformes,  hachas de talón de una y dos anillas  y otras armas de bronce, pero gradualmente la metalurgia incorpora aleaciones  con un pequeño porcentaje de plomo, presente en hachas de dos anillas, espadas de lengua de carpa, calderos y puñales de antenas,  el cual se irá incrementando a medida que avanza esta etapa hasta llegar a niveles con tal proporción  plomo, como es en el caso de las hachas de dos anillas, que pierden su utilidad como herramientas y probablemente tengan un carácter meramente votivo. El hacha de talón con anillos es un instrumento de origen galaico-portugués (se hallaron 160 hachas de talón de doble anillo en Samieira), que será ampliamente difundido por el W de Francia, Islas Británicas y Cerdeña.


A partir del 1153 a.C. las ciudades de la costa filistea y fenicia ganaron autonomía respecto de Egipto y de las ciudades chipriotas, y buscaron por su cuenta abastecerse de estaño, plata y oro. Con la fundación de Gadir (1106 a.C.) se comienza a difundir por la Europa Atlántica la denominada espada tipo Huelva, alcanzando su máximo expansión entre 1050-975, coincidiendo con la primera presencia fenicia en Huelva.

En esta fase de las espadas de tipo Huelva llegan hasta las regiones productoras de estaño en Bretaña y Cornwall o del ámbar en Dinamarca. Alrededor de 1000 a.C., a través del comercio Atlántico y procedentes de las Islas Británicas, llegan a Galicia las espadas de hoja larga y estrecha. Un siglo después aparecen las espadas pistiliformes bretonas de hoja lanceolada en las que por primera vez hoja y empuñadura se forjan juntas. En el siguiente siglo llegan a Galicia las espadas de lengua de carpa, que serán las últimas fabricadas en la Europa atlántica antes de la aparición de la metalurgia del hierro. 

Las armas de bronce gallegas, britanas y bretonas corresponden a tecnologías más avanzadas que las de los indígenas y son muy semejantes a otras del último período micénico (Chipre, Creta y Cnossos),


Existen indicios de una posible invasión continental hacia el occidente atlántico datada entre el 1350 a 1050 a.c. Una muestra de esta presencia es el hallazgo del casco de oro de Leiro-Rianxo, procedente del norte de Alemania. Se trataba de  una sociedad de tribus que habitaban en castros, se organizaban  por grupos de edad y por clanes, con una economía ganadera que incluía el robo de reses y la práctica del bandidaje y que en lo religioso mostraba predilección por los santuarios de piedra.

Pero lo más importante es que en esta época se detecta la existencia de un sustrato indoeuropeo occidental indiferenciado (Tovar), es decir, una cultura indoeuropea arcaica y precelta, cuya principal aportación  es el grupo lingüístico lusitano ó lusitano-galaico, del que se conocen  términos relacionados con la toponimia (“Arna” para denominar  río, arroyo”; “Támara” que significa agua; “Lancia”, nombre de la actual isla de San Martín de las Cíes), sufijos como "brig" y "dunum" y la presencia del diptongo “eu” ó de la raíz “nt”.

Por otra parte están las influencias culturales provenientes del área mediterránea, y que se aprecian en hallazgos como por ejemplo la espada sarda hallada en el río Ulla, ó los fragmentos de pequeños carros rituales hallados en Viseu y de probable procedencia chipriota. Chipre se hallaba muy vinculado a Anatolia y en su arte son frecuentes las representaciones de ciervos y serpientes.


En el siglo VIII a.c. los fenicios organizan bases estables en Cádiz y desde allí dirigen el comercio del bronce  y posteriormente el del hierro, entrando en competencia y llevando a la desaparición al ancestral comercio  atlántico, por lo que  cesan los contactos entre estas poblaciones, que comenzarán a desarrollarse de manera independiente. El hallazgo en Vigo de un altar púnico del siglo V a.c. y los petroglifos de Santa María de Oia en los que se representan naves de tipología fenicia, cretense o egipcia, atestiguan la presencia de estos navegantes en nuestras costas en épocas muy remotas.


Altar púnico. Vigo

Para terminar voy a reproducir un fragmento de “La Ilíada” de Homero en el que se narra la construcción de un túmulo en la Edad del Bronce. En otros artículos ya publicados trato el tema de los petroglifos gallegos de esta período y de las relaciones de Galicia con navegantes atlánticos y mediterráneos. La bibliografía utilizada consta en el apéndice que podréis encontrar en el acceso al blog.

"Pronto la gente del pueblo, unciendo a los carros bueyes y mulos, se reunió fuera de la ciudad. Por espacio de nueve días arrearon abundante leña; y cuando por décima vez apuntó Eos, que trae la luz a los mortales, sacaron, con los ojos preñados de lágrimas, el cadáver del audaz Héctor, lo pusieron en lo alto de la pira y le prendieron fuego. Mas, así que se descubrió la hija de la mañana, Eos, de rosados dedos, se congregó el pueblo en torno de la pira del ilustre Héctor. Y cuando todos se hubieron reunido, apagaron con negro vino la parte de la pira a que la llama había alcanzado; y seguidamente los hermanos y los amigos, gimiendo y corriéndoles las lágrimas por las mejillas, recogieron los blancos huesos y los colocaron en una urna de oro, envueltos en fino velo de púrpura. Depositaron la urna en el hoyo, que cubrieron con muchas y grandes piedras, amontonaron la tierra y erigieron el túmulo. Habían puesto centinelas por todos lados, para vigilar si los aqueos, de hermosas grebas, los atacaban. Levantado el túmulo, volvieronse; y reunidos después en el palacio del rey Príamo, alumno de Zeus, celebraron el espléndido banquete fúnebre.

Así celebraron las honras de Héctor, domador de caballos ".