sábado, 2 de diciembre de 2017

Citania de Sanfíns

La Citania de Sanfíns (Paços de Ferreira. Porto) es uno de los mayores poblados de la Edad de Hierro del NO peninsular. 


Situada a 570 m de altitud entre las desembocaduras de los ríos Duero y Ave, fue habitado desde al menos el siglo II a.C. hasta su abandono total en el siglo IV d.C, aunque el período de actividad principal se sitúa entre el siglo I a.C y el siglo II d.C, con una población estimada de unos tres mil habitantes. Entre los restos recuperados se hallaron fíbulas, torques, trísqueles indígenas y cerámicas púnicas de los siglo V-III a.C.

El sistema defensivo de la citania constaba de tres líneas de muralla que rodeaban el poblado y una cuarta muralla que se extendía de O a S, con un perímetro total de 3,4 km, reforzadas con fosos situados al N y al S. Las murallas tenían una anchura máxima de 3,5 m y contaban con varias puertas de acceso.


Las murallas rodeaban una superficie aproximada de 15 hectáreas en las que las más de cuarenta campañas de excavaciones han dejado al descubierto un complejo urbanismo, que se caracterizaba por un diseño basado en un eje principal, de N a S, que se ramificaba ortogonalmente en calles transversales formando barrios, los cuales a su vez se subdividían, por lo general, en cuatro unidades habitacionales en cada una de las cuales residían los miembros de una familia extensa. 


En Sanfíns se han excavado unas cuarenta unidades habitacionales compuestas de 4-5 edificaciones circulares y angulares, que convergían en un patio común con el suelo enlosado. Cada una de estas viviendas familiares constaba de 4-5 dependencias de planta rectangular y circular, lo que supone un total de más de ciento cincuenta construcciones privadas.


Además de las dedicadas a vivienda, había dependencias de planta rectangular que se empleaban como almacén para los aperos, despensa o establo, así como unas pequeñas cisternas en las que se almacenaba el agua de lluvia.


También existían diversas construcciones públicas, como por ejemplo la sauna situada al SO del castro cerca de un pequeño manantial. 


Esta sauna presenta el diseño típico de los balnearios galaicos y estaba provista de un horno donde se calentaban las piedras sobre las que se vertía agua para producir vapor, una chimenea, cámara caliente, antecámara abierta y un patio exterior que aún conserva dos tanques, canalizaciones y sumideros.


El único acceso a la cámara se realizaba por un estrecho hueco semicircular situado en la base de la pedra formosa, por el que puede pasar un individuo ayudándose de unos pequeños asideros labrados en la propia piedra. La pedra formosa es un monolito de gran tamaño rematado a dos aguas, que sirve de separación entre la antecámara y la cámara, aportando una gran estanqueidad y por tanto un mayor aislamiento, impidiendo que se escape el calor. 


Si bien estas saunas eran públicas, desconocemos si su uso era abierto a todos los habitantes o limitado para determinados grupos o familias. La simbología religiosa de las pedras formosas lleva a algunos autores a suponer que en estos balnearios tenían lugar rituales iniciáticos de guerreros castreños, mientras que otros hipotetizan con la posibilidad de que se realizaran baños rituales de carácter medicinal, en los que se empleaban aceites, plantas y otros elementos. Este tipo de baños sanatorios, en los que intervienen el fuego, el agua y el vapor, son característicos del ámbito cultural indoeuropeo y védico.

Uno de los hallazgos más importantes encontrados en la citania de Sanfíns es la estatua de guerrero que estaba situada a la entrada del castro, junto a la base cónica sobre la que reposaba originalmente encajada entre las rocas y que, al aparecer en el contexto castreño, puede vincularse al período de ocupación del poblado.



De la estatua se conservan cuatro fragmentos. Uno es la cabeza en la que se distingue un casco cónico que podrías ser una versión local del casco romano tipo Montefortino (siglos III a.C- I a.C.). Otro fragmento corresponde al tronco en el que se distingue parte del escudo que es sujetado por el brazo izquierdo provisto de un brazalete de tres toros lisos. También se ha recuperado parte de las piernas así como los pies calzados.


La estatua del guerrero de Sanfíns se erigió en una de las entradas del poblado, protegiendo el acceso y como muestra de la identidad de la comunidad. Probablemente la figura representada fuera la de un jefe, un guerrero célebre o el protagonista de algún relato mítico.

Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

jueves, 12 de octubre de 2017

Dolmen da Portelagem

El dolmen da Portelagem se encuentra en la freguesía de Vila Chã (Esposende), a prácticamente la misma distancia en línea recta (1,20 km) del dolmen de Bouça do Rapido III y del de Cruzinha/Arribadas.


El dolmen conserva la cámara, una losa de la cubierta, parte del corredor y de la coraza. 


Originalmente debió estar formado por 14-15 ortostatos pero en la actualidad sólo se conservan 9 parcialmente fragmentados, uno de ellos con grabados.


Al igual que ocurre con el dolmen de Bouça do Rapido III, en las excavaciones realizadas en el dolmen da Portelagem se hallaron fragmentos de vasos campaniformes y de cerámica de la Edad de Bronce, lo que indica que fue reutilizado durante el III y II milenio a.C.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Dolmen de Bouça do Rapido III

El dolmen de Bouça do Rapido III está emplazado en la freguesía de Vila Chã (Esposende), lugar de gran importancia arqueológica ya que en poco más de 4 km en línea recta se encuentran también el dolmen de Portelagem, el de Cruzinha/Arribadas y el menhir de São Paio de Antas, éste último en la limítrofe freguesía de Antas.


El dolmen de Bouça do Rapido III  forma parte de una necrópolis constituida por dos túmulos sin excavar  y un dolmen al descubierto que conserva el corredor y dos piedras de su cubierta, la cámara funeraria y restos de la coraza. La cámara está formada por nueve ortostatos, en algunos de los cuales se observan grabados.


Llama la atención las reducidas dimensiones del dolmen y del túmulo que lo cubre. También es de señalar que los sedimentos que forman la mámoa han dado lugar a un sustrato barroso que ha aportado una mayor compactación del túmulo.


El dolmen de Bouça do Rapido III fue reutilizado en el III milenio, como lo demuestra el hallazgo de una alabarda de sílex fragmentada y de  fragmentos de vasos campaniformes datados entre la  primera mitad y el tercer cuarto del III milenio, y que evidencian la coexistencia de estilos exógenos y locales del N de Portugal. Posteriormente fue nuevamente reutilizado en el II milenio a.C, lo que se deduce de los restos de cerámica de la Edad de Bronce encontrados en las excavaciones. 

Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

domingo, 8 de octubre de 2017

Menhir de São Paio de Antas

El menhir de São Paio de Antas, también conocido como menhir da Pedra a Pé, se encuentra en  Antas ( Esposende), en un monte situado en las inmediaciones de la iglesia parroquial.


Presenta la característica forma fálica de este tipo de monumentos, relacionada con ritos de fecundidad y su cronología está establecida entre el 3000-2000 a.C. 


Su altura es de 1,65 m, la parte enterrada tiene una longitud de 30 cm, y está ligeramente inclinado hacia el S.


Además de su significado como símbolos fálicos de la fertilidad, algunos autores piensan que los menhires también podrían tener una carácter funerario o servir de límites entre los territorios de las tribus.

Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Estatua-menhir de São Bartolomeu do Mar

La estatua-menhir de São Bartolomeu do Mar (Esposende), situado justo al lado de la Igreja Nova,  es conocido en la zona como “o padrão”.



La estatua-menhir de São Bartolomeu está labrada en granito de grano medio-gordo con muchos cristales de cuarzo y su altura es de 2,10 m, aunque no se puede determinar su longitud original debido a que está fracturada en su parte superior. Su espesor máximo es de 72 cm en la base, 60 cm en el medio y 40 cm en la parte superior. 

Se encuentra  emplazada  a unos 600-700 m de la costa, en una zona con presencia de depósitos de arenas aluvionales, dunas y un sustrato granítico de grano medio que se extiende desde el mar hacia tierra adentro a unos 200 m al E de la estatua. El terreno es llano, con cotas que no superan los 12 m de altitud, y la única elevación importante es el monte de Sanfíns (237 m),  situado a unos 800 m al O. La suave orografía del terreno favorece el tránsito de personas y la visibilidad del monumento desde grandes distancias, por lo que habría tenido relevancia como referencia espacial y posiblemente como señalización de caminos.

En cuanto a su cronología se establece entre el Calcolítico y la I Edad del Bronce (3000-1800 a.C), pero resulta muy complicado definir su contexto al hallarse en medio de unos campos de cultivos en los que no se ha encontrado ningún otro tipo de testimonio arqueológico. 


Lo peculiar de este menhir es que presenta una sección triangular y que muestra una configuración que difiere del esquema fálico que por lo general presentan este tipo de megalitos. El carácter antropomorfo de esta estatua es cuestionable, si bien presenta un estrechamiento en la parte superior que se asemeja a los hombros y el cuello. Puesto que la pieza está rota, es posible que originalmente tuviera una cabeza muy esquemática.


Pese a su deficiente estado de conservación, algo normal debido a su gran antigüedad, aún hoy en día se distinguen al menos 15 cazoletas o coviñas repartidas en sus tres caras (5, 8 y 2).

En este lugar se celebra el 24 de agosto la romería en honor a Sãn Bartolomeu do Mar, tradición que se remonta al siglo XVI y en la que se mezclan ritos cristianos y profanos. La ceremonia comienza con los romeros dando vueltas alrededor del templo con los niños de la mano y llevando un gallo negro al cuello. Luego los niños son conducidos a la playa donde los adultos los introducen en el mar para que “furen” las olas en número impar. Este ritual del “baño santo” aleja el mal y cura las enfermedades vinculadas a la posesión demoníaca, como la tartamudez o la epilepsia.


Bibliografía: 
Estelas e Estátuas menires no Centro e Norte de Portugal e Sudoeste da Meseta Superior. António Martino Venhuizen Correia. Facultade de Letras. Universidade de Coimbra. 2010.

Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Las imágenes han sido editadas mediante una aplicación informática.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Dolmen de Lácara

El dolmen de Lácara se encuentra  a mitad de camino entre las localidades de Aljucén y La Nava de Santiago (Badajoz), en la denominada dehesa del Prado del río Lácara, una zona con un subsuelo principalmente granítico que con frecuencia aflora a la superficie.


Su período de utilización como sepultura colectiva se estima entre el Neolítico medio (3.500-2.500 a.C) hasta el Calcolítico final (2.250-1800 a.C). Posteriormente el dolmen de Lácara sufrió diversos saqueos y llegó a ser utilizado como vivienda en época romana y medieval. También sirvió de cantera y a finales del siglo XIX o principios del siglo XX se dinamitó la cubierta de la cámara. Aún se aprecian en las piedras de la cubierta los restos de los orificios que se crearon para introducir las cuñas de ruptura. Fue declarado monumento nacional el 3 de junio de 1931, poco después de la proclamación de la Segunda República. Martín Almagro Basch llevó a cabo diversos estudios y excavaciones del dolmen los años 1956, 1957 y 1958, en los cuales me he basado en la realización de este artículo.


A la vez que se construía el dolmen se levantó un muro circular que lo delimitaba y el espacio entre el sepulcro y este anillo se rellenó con capas de cantos de río, provenientes del cercano arroyo de Lácara, y con capas de tierra compactada. 


Lo que aún se conserva del túmulo que cubría el dolmen tiene una altura sobre el terreno de 3,5 m, aunque sin duda debió ser más alto (6-7 m). Es de forma elíptica, con un eje mayor de 35,5 m de largo que presenta una orientación E-O y un eje menor de  28 m de longitud. El túmulo destacaba claramente en el entorno y era un elemento de prestigio y señal de territorialidad de la comunidad que lo construyó.

Todo el perímetro del túmulo estaba rodeado por un anillo de ortostatos tallados que actuaban como muro de contención, de las que actualmente afloran alrededor de una veintena. Este anillo perimetral de piedras formaba un zócalo visible que definía perfectamente el volumen de la tumba.


La entrada al corredor del dolmen está cerrada por una piedra rectangular de 4,70 m de largo, 1,70 me de altura y un grosor medio de 0,60 m. Esta gran piedra fue rota en alguna de las múltiples violaciones sufridas por el túmulo, y aún se aprecian en uno de sus extremos los agujeros en los que se introdujeron las cuñas que hicieron saltar los trozos que faltan.


En el interior del túmulo se encuentra el dolmen cuya puerta está orientada hacia el E, con una ligera desviación hacia el S. Tras ella parte un largo corredor dividido en un vestíbulo y dos antecámaras, que lleva hasta una gran cámara poligonal orientada al O con algo de desviación hacia el N. Todas las piedras que forman las paredes laterales de este enorme sepulcro han sido alisadas por su cara interior.

El corredor mide 19,90 m de largo y su anchura  en su parte exterior es de 3 m, para luego ir estrechándose hasta los 2,60 m en la entrada de la cámara octogonal. Las paredes del corredor están formadas por grandes losas rectangulares de granito clavadas en el suelo, también granítico, situándose las de menor tamaño a la entrada. El largo corredor se divide en tres espacios rectangulares: un vestíbulo y dos antecámaras, que están separadas por dos estrechas piedras perpendiculares a las paredes del corredor y que forman una segunda puerta de mayor anchura que la primera.


El vestíbulo es el mayor espacio de los que constituyen el corredor y es probable que fuera el lugar donde se realizaban los ritos y ceremonias funerarias. Tiene forma trapezoidal, con una longitud de 6,15 m y alrededor de 3 m de ancho. El vestíbulo se estrecha un poco al final, cuando llega a la puerta de 0,95 m de ancho y 1,10 m de alto, la cual da acceso a la primera antecámara.


La primera antecámara mide 4,75 m de largo y en la entrada tiene una anchura 2,10 m, ensanchándose a medida que se acerca a la segunda antecámara. La altura va de 1,15 m en la entrada y 1,40 m al fondo. La cubierta está formada por tres grandes losas graníticas, la mayor de las cuales mide 2,5 X 2,5 m.


Al final de la primera antecámara se encuentra otra puerta, de 1,5 m de alto por 1,30 m de ancho, la cual da acceso a la segunda antecámara cuya longitud es de 3,40 m por 2,20-2,60 m de ancho y su altura media es de 1,60 m, con el suelo algo elevado con respecto a la primera. La segunda antecámara está separada de la gran cámara por una puerta, de 1,60 m de largo por 1,20 m de ancho, situada justo en el centro geométrico del túmulo.


La gran cámara octogonal mide 4,75 m de E-O y 4,70 m de N-S, con un diámetro máximo de 5,10 m. Consta de ocho grandes losas verticales de las cuales siete están incrustadas en el suelo granítico, mientras que otra está apoyada en la última losa del techo del corredor. 


Todas las losas han sido rotas salvo la primera situada al S de la cámara, la cual mide 5,20 m de alto y 2,30 m de ancho. 


Gracias a haberse conservado, sabemos que las losas originalmente no eran rectas sino cóncavas con el extremo superior inclinado hacia el centro para reducir la abertura del techo en la parte superior, formando una especie de cúpula que quedaba cubierta por una gran losa horizontal. Esta ligera inclinación hacia el interior de la cámara aumentaba la resistencia de las losas que sostenían el enorme bloque que servía como tapa de la cámara.


Por lo que se refiere al ajuar funerario encontrado en el interior del dolmen de Lácara, destacan por su número (más de cien) las puntas de flechas de sílex de finísima factura, así como dos flechas de forma foliácea de cobre mezclado con un 2,7 % de arsénico. También se hallaron numerosos fragmentos de alabardas de sílex y piezas alargadas de sílex, cuarcita y pizarra con las que se podían fabricar objetos de menor tamaño. Otros utensilios de piedra son un pequeño cuenco, una placa y un fragmento de percutor. Entre los objetos de ornato destacan varios trozos de colgantes de pizarra, de turmalina, cuentas de collar de pizarra, un canto rodado semiesférico con una cara aplanada artificialmente y un hueso largo, tal vez de una rapaz o un córvido, utilizado como cuenta de un collar o colgante. Por lo que se refiere a los restos cerámicos, se han recuperado fragmentos de vasos campaniforme y de otros tipos de recipientes.

El hallazgo más interesante encontrado en las excavaciones de Almagro es un ídolo-placa de pizarra de color gris oscuro, el cual estaba partido en dos mitades. Mide 19,5 cm de largo, 7,3 cm de ancho en la parte superior y 8,5 cm en la inferior, y tiene un espesor aproximado de 1 cm. Está grabado a buril por una sola cara, con una decoración distribuida en cuatro zonas separadas por líneas horizontales paralelas.

En la parte superior presenta tres orificios, con los dos laterales equidistantes del central. Se distinguen dos bandas oblicuas reticuladas que delimitan un espacio triangular sin decorar con la base hacia arriba, en cuyo centro se encuentra el orificio central. A los lados de este triángulo aparecen otras fajas reticuladas dispuestas como las varillas de un abanico. De acuerdo con la interpretación de Almagro, la parte superior representa la cabeza del ídolo cubierta con un manto, salvo la cara y los ojos.

Idolo Placa de Lácara (Almagro)

Más abajo se distinguen dos zonas decoradas con seis triángulos cada una y una tercera inferior con cinco triángulos, todos ellos con las puntas hacia arriba y rellenos con líneas finas cruzadas que forman un reticulado muy tupido. Los triángulos de la zona inferior apoyan sus vértices en las uniones de las bases de los triángulos de la zona segunda y éstos a su vez en el centro de las bases de los de la primera zona. Para Almagro se trata de una figura cubierta por un manto o falda que está adornado con motivos triangulares, los cuales representan la vulva de la mujer. Su significación es simbólica-religiosa y hace referencia a la Diosa madre de la fecundidad, de la muerte y la resurrección.


Bibliografía:

Martín Almagro Basch. Revista de Estudios Extremeños. Mayo–Agosto 1959. Excavaciones en el sepulcro de corredor megalítico de Lácara, Mérida (Badajoz).

Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

jueves, 29 de junio de 2017

Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco

Tarraco se encontraba entre las mayores ciudades del Imperio Romano y era la capital de la Hispania Citerior, una de las dos provincias en las que se dividía la Península Ibérica en época romana republicana.

Plano de Tarraco

En este artículo describiré de manera esquemática su historia y sus principales edificios y monumentos.


Esquema de la historia de Tarraco.


Siglo III a.C. La fundación de Tarraco.

La presencia del Imperio Romano en la Península Ibérica viene determinada por el desarrollo de su lucha con Cartago por la hegemonía en el Mediterráneo.

La conquista de Iberia por las tropas cartaginesas comenzó en Cádiz en el 237 a.C, con el desembarco del general Amílcar Barca, al que acompañaba su hijo de nueve años Aníbal. El año 229 a.C Amílcar muere luchando contra los iberos en el asedio de Helice (Elche) y es sucedido por su yerno Asdrúbal, quien creó la fortaleza y centro militar de Carthago Nova (Cartagena).  En el año 226 a.C, Asdrúbal firmó con los romanos el Tratado del Ebro, en el que se comprometía a no cruzar el río a cambio de que los romanos reconocieran la soberanía cartaginesa al sur del Ebro.

Cuando Asdrúbal fue asesinado el año 221 a.C, Aníbal, que en ese momento contaba 25 años de edad, se convirtió en el jefe supremo del ejército cartaginés. Ese mismo año, como pretexto para buscar nuevamente el enfrentamiento con Cartago, Roma renovó su alianza con la ciudad de Sagunto, pese a hallarse al S del Ebro y por lo tanto en territorio cartaginés. En el 219 a.C. Aníbal inició el sitio de Sagunto, que caería en manos cartaginesas tras ocho meses de asedio.

Los romanos eran conscientes de que Aníbal se dirigiría a Roma con sus huestes desde Hispania, por lo que enviaron a Cneo Cornelio Escipión Calvo (¿? - 212 a.C.), militar romano hijo de Lucio Cornelio Escipión y hermano de Publio Cornelio Escipión (¿? - 211 a.C.), para impedir el paso de Aníbal a la Península Itálica. En el 218 a.C. desembarcó en Emporium (Ampurias), al frente de sesenta naves y dos legiones, que posteriormente se verían reforzadas con tropas auxiliares indígenas. Avanzó por la costa hasta Cissa, Cesse o Cosee, nombre de la Tarraco indígena, donde venció e hizo prisionero al general cartaginés Hannón. Cneo y sus tropas pasaron el invierno en Tarraco donde fundó la principal base de operaciones de los romanos durante la Segunda Guerra Púnica, esperando que al año siguiente se le uniera el ejército que mandaba su hermano Publio. 

Cneo Cornelio Escipión falleció el 212 a.C. luchando contra los cartagineses en  Llorci (Lorca).


Siglo II a.C. La rebelión de Numancia

Otro episodio importante en la historia de Tarraco fue el levantamiento de los celtíberos en Numancia, lo que provocó que en abril de 134 a.C desembarcara en la ciudad el cónsul Publio Cornelio Escipión Emiliano el Menor. 

A su llegada a Tarraco, el cónsul se encontró con unas huestes romanas desentrenadas, faltas de disciplina y ociosas, que vivían de manera relajada retozando con las más de dos mil prostitutas que, según las crónicas, había en la ciudad. Ante esta situación, Escipión se vio obligado a tomar medidas rigurosas para enderezar a sus legiones, comenzando por sus costumbres de comida y aseo y siguiendo por un duro entrenamiento de marchas e incluso empleando el castigo corporal mediante azotes con varas de vid. Una vez restablecida la disciplina entre sus tropas avanzó hacia Numancia y, a pesar de su superioridad numérica, sólo pudo someter a la ciudad rebelde tras un cruel asedio, el cual concluyó el 133 a.C.


Siglo I a.C. El desarrollo de la ciudad en época tardo-republicana y con el emperador Augusto.

Durante la época tardo-republicana, Tarraco era un centro político autónomo que disfrutaba de un estatus privilegiado como ciudad federada y libre, exenta del gobierno y la fiscalidad de la metrópolis, sin la obligación de tener que dar cuartel a tropas, aunque tenía el deber de aportar recursos a Roma y no podía establecer tratados con otros pueblos sin su aquiescencia.

En el 49 a.C, tras la batalla de Ilerda y la consiguiente rendición de las tropas de Pompeyo, Julio César celebró en Corduba una asamblea de aliados y luego, desde Gades, embarcó hacia Tarraco para recibir la adhesión de sus aliados procedentes de toda la Hispania Citerior. 

Tarraco era una de las ciudades más importantes del mundo romano y según algunos autores, obtuvo el título de Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco alrededor del 45 a.C. Según otros este estatuto lo recibió de Augusto en el 25 a.C. El apelativo Iulia es característico de las colonias fundadas por Julio César, mientras que Urbs aparece en ciudades como Carthago Nova, Gades o Italica. Triumphalis podría hacer referencia a las victorias conseguidas por César Augusto en Hispania tras las Guerras Cántabras, motivo por el cual le fue concedido un "triunfo" por el Senado de Roma.

En época republicana comenzó a erigirse un templo con tres celdas continuas para cada una de las divinidades tutelaras de la ciudad: Júpiter, Juno y Minerva. Unos cincuenta años después se construyó un edificio más monumental, posiblemente para conmemorar la concesión del estatuto de colonia a la ciudad por parte de Julio César.

Con la proclamación de Augusto como emperador, Tarraco se consolidó como capital provincial a costa de Carthago, ya que Tarraco había sido fundada por los Escipiones mientras que Carthago lo había sido por los púnicos, lo cual le concedía un prestigio especial en esa época en la que se consolidaba el culto imperial.

Tras la muerte de Augusto en 14 d.C, los habitantes de Tarraco solicitaron permiso a Tiberio para levantar un templo en su honor, que quedó integrado en el Foro Provincial. En su construcción se emplearon enormes bloques de mármol blanco de Carrara. Los pórticos perimetrales estaban decorados con un ático con escudos con imágenes de Júpiter Amón, que imitaban la ornamentación del Foro de Augusto en Roma.

Medallón  de Jupiter-Ammón en mármol de Carrara. Siglo I d.C. Foro Provincial.


La arquitectura de Tarraco


Las murallas.

En el año 218 a.C, al principio de la Segunda Guerra Púnica, el ejército romano comenzó a fortificar la colina en la que se hallaba la guarnición de Tarrakon, para lo cual se levantó una muralla provisional de piedra, madera y tierra. Posteriormente, alrededor del 200 a.C, se construyó una nueva muralla más consistente, con muros de 6 m de alto y 4 m de ancho de grandes piedras irregulares (opus siliceum).

Torre del Arzobispo

La muralla estaba provista de torres dentro de las cuales había unas estancias destinadas a la tropa y otras para la artillería de torsión, como los escorpiones. 

Torre del Cabiscol o del Seminario.

Actualmente se conservan tres: la parte inferior de la conocida como del Arzobispo, la del Seminario y la de Minerva.

Torre de Minerva

La torre de Minerva muestra el relieve romano más antiguo fuera de Italia.

Relieve de la Torre de Minerva

Cerca de Tarrakon se comenzó a construir un barrio (cannaba) en el que residían las familias de la tropa, comerciantes y marineros. La evolución de la conquista de Hispania configuró a Tarraco como un centro militar, político y económico, por lo que se hizo necesaria la construcción de una ciudad que alberguara los organismos del poder. Para ello, entre el 150 y el 100 a.C se amplió la muralla de la zona alta hasta el puerto y se construyó una nueva muralla, también de grandes piedras irregulares y de 2-3 m de altura y de 5-6 m de anchura, que probablemente circundaba toda la ciudad, con una extensión de 5 km.


El Foro Local.

El foro local se construyó alrededor del año 30 a.C y era el centro religioso y social de la ciudad. Se componía de una plaza rodeada de edificios públicos, como templos, la basílica (edificio de tres naves en el que estaba el tribunal de justicia), locales comerciales y esculturas que representaban a personajes que habían ocupado cargos de poder, patronos de la ciudad y emperadores, así como unos relieves monumentales en los que se mostraban las provincias y los bárbaros sometidos. 


Actualmente se conservan los restos de la basílica y de una calle romana, basamentos de estatuas, fragmentos de capiteles de las columnas de la basílica, inscripciones y restos de esculturas.



Acueducto de Tarragona.

Fue construido en el siglo I a.C por orden del emperador Augusto. Los restos que se conservan forman parte del sistema que suministraba agua del río Francolí a Tarraco. 

El canal de conducción del agua (specus) iba serpenteando, siguiendo las curvas de nivel hasta llegar hasta este barranco situado a 4 km al N de la ciudad, lugar en donde se construyó el puente de 217 m de largo y 27 m de altura, con dos niveles de arcos superpuestos y un desnivel de 40 cm que permitía que el agua corriera por la parte superior hacia la ciudad, donde volvía a ser canalizada. Para su construcción se emplearon sillares de piedra unidos en seco sin mortero, procedentes de una cantera cercana. 


La hilera inferior consta de once arcos de diferentes alturas según el desnivel del terreno, siendo más altos en el centro. La hilera superior está formada por veinticinco arcos uniformes sobre los que descansa el cajón de conducción del agua, recubierto en su interior con un mortero especial para este tipo de obras hidráulicas.



El Teatro. 

El teatro romano fue construido en época de Augusto a finales del siglo I a.C. Además de los espectáculos, en este lugar se realizaban ceremonias civiles y religiosas. 


Actualmente se conserva parte de las gradas, los cimientos del escenario y algunas de las bóvedas que sostenían la fachada exterior. En las excavaciones se han hallado esculturas que representaban a los miembros de la familia imperial.


En la media cavea, encima de la Porta Triumphalis del teatro justo antes de llegar a la arena, se encontraba la inscripción monumental que conmemoraba la construcción del anfiteatro (flamen romae divorum et augustorum). Un fragmento de esta inscripción apareció reutilizado en una tumba de la necrópolis visigoda y su traducción permitió conocer que el anfiteatro fue financiado por un sacerdote provincial de la primera mitad del siglo II.


Cerca de la Porta Triumphalis pasaba, a finales del siglo I a.C, un ramal de la Via Augusta que conducía hasta la parte baja y el puerto de la ciudad. A ambos lados de este tramo de 5 m de ancho se fue desarrollando una necrópolis de la que aún se conservan algunas tumbas, fragmentos de inscripciones y un cipo funerario.


A partir del siglo III, la arena del anfiteatro se transformó en un lugar de culto para los cristianos, ya que en este lugar fueron martirizados en el año  259 el obispo Fructuoso y sus diáconos Augurio y Eulogio. En torno a la basílica visigoda del siglo VI se construyó un cementerio que se mantuvo durante época medieval.


Las construcciones del Foro Provincial.

Cada año se reunían en Tarraco los delegados de las principales ciudades de la provincia para los festejos del culto imperial, escogiendo al flamen o sacerdote encargado de las ceremonias. 

La construcción del foro provincial se realizó durante las tres décadas de la dinastía flavia. El conjunto estaba formado por tres terrazas a distinta altura, lo que supuso un ingente trabajo de construcción de terraplenes. En una primera fase (70 d.C) se edificó una plaza porticada con el templo de culto y el área sagrada. 

Posteriormente se construyó el área de representación con una enorme plaza, la más grande de todo el mundo romano, rodeada de pórticos a distintas alturas y enormes galerías abovedadas en cuyos pisos superiores se encontraban las dependencias administrativas de la provincia. En el interior de la plaza había unos grandes estanques abastecidos por acueductos urbanos, enormes cráteras de mármol y cientos de estatuas dedicadas a los flamines y prohombres de la ciudad. Dos grandes torres controlaban el acceso a la plaza y la comunicaban con el resto de la ciudad.

Por último, durante el reinado de Domiciano (81-96 d.C), se edificó el circo en la parte superior de la colina que delimitaban las antiguas murallas de la colonia levantadas en época republicana.




La Torre del Pretorio.

La Torre del Pretorio pertenecía a la gran plaza de representación del Foro Provincial, construida en época de Vespasiano alrededor del 73 d.C.  La antesala formaba parte de la escalinata monumental de lado SE de la plaza de representación del foro provincial y conectaba el circo con la plaza del foro.


En la bóveda superior del foro correspondiente al segundo nivel, a la altura de la gran plaza de representación del foro, la galería está cubierta por una bóveda de cañon de hormigón encofrado en la que se encuentra el sarcófago de Hipólito.


El sarcófago es  del siglo III d.C y en sus relieves se narra el mito del héroe.



El Circo.

Fue construido en el siglo I d.C por orden del emperador Domiciano para las competiciones de carros. Disponía de 12 cárceres o cajas de salidas para otros tantos carros de dos o cuatro caballos que se agrupaban en cuatro equipos: blanco, azul, rojo y verde. La carrera consistía en dar nueve vueltas a un gran estanque central señalizado en sus extremos con grandes conos y decorado con obeliscos, torres y estatuas.


Las dimensiones del circo eran reducidas si lo comparamos con las de la plaza, ya que tenía una longitud de 325 m y una anchura de 115-100 m. La pista medía 290 m de largo por 67 m de ancho y estaba separada de las gradas por un podio de sillería de 3 m de altura rematado por una barandilla.


Las vueltas interiores servían para aguantar el graderío superior del circo. En Tarragona encontramos uno de los tramos más largos que se conservan en la actualidad en todo el mundo.



En el sector oriental del Circo se conservan las llamadas bóvedas de San Hermenegildo y la Porta Triumphalis


La bóveda de San Hermenegildo tenía una longitud aproximada de 100 m y corría paralela a la muralla, conectando la fachada del circo con una escalinata monumental situada al final, que permitía el acceso de los espectadores a la parte N del edificio. Los muros de la bóveda son de hormigón revestidos con hiladas de sillarejo (opus vittatum) y la cubierta es un arco de medio punto también de hormigón. 


En el muro O de esta larga bóveda se abrían seis puertas con arcos de medio punto que permitían el acceso a unos espacios, dispuestos radialmente por encontrarse en la curva del lado E del Circo, y que estaban cubiertos con bóvedas inclinadas que actuaban como cimentación de la grada. Al final de la bóveda de San Hermenegildo se encuentra la confluencia con otra bóveda transversal que conectaba con la Porta Triumphalis.



Monumento funerario dedicado a Attis.

Se trata de una modesta construcción erigida en la primera mitad del siglo I d.C junto a la Via Augusta, en las proximidades de Tarraco. Se trata de una torre de 9 m de altura en cuya construcción se emplearon grandes sillares de piedra caliza extraída de una cantera cercana.


Está formada por tres cuerpos superpuestos rematados por una cubierta piramidal que actualmente ha desaparecido. En el interior del cuerpo superior se hallaba la cámara funeraria en la que se depositaban las urnas con las cenizas de los difuntos. En la parte frontal y en los laterales existen nichos representados en forma esquemática y la cara del edificio que da a la Vía presenta una decoración con relieves con figuras de Attis, sobre cuyas cabezas aparecen los restos de una inscripción funeraria en el interior de una tabula ansata, la cual ha sido traducida como: “Enalteced las obras que dejó al morir; olvidándose de él, erigió para los suyos un solo sepulcro donde tienen que permanecer para siempre


La figuras de Attis están representadas de pié sobre dos pedestales moldurados, con la pierna exterior cruzada en actitud de descanso y vistiendo al modo oriental, con una túnica corta con mangas y ceñida en la cintura, bragas persas sujetas en los tobillos, largo manto y la cabeza cubierta por un sombrero frigio.

Attis era una divinidad frigia que protegía a los difuntos y los guiaba en su resurrección. Era era hijo de Nana, una ninfa del río, y fue criado por un carnero. Destacaba por su belleza, motivo por el cual la diosa Cibeles, la Magna Mater, se enamoró de él. Cuando Attis fue enviado por sus padres adoptivos para contraer matrimonio con una de las hijas del rey, Cibeles se presentó ante él y lo hizo enloquecer. Fuera de sí, Attis se castró a sí mismo y el rey, que iba a ser su suegro, hizo lo mismo. Es por este motivo que los sacerdotes del culto a Attis eran eunucos.

En los cultos mistéricos de los frigios, Attis moría cada año y resucitaba en primavera, por lo que era símbolo de renovación y resurgimiento, de la vida nueva, de la victoria sobre la oscuridad y la muerte. Por eso aparece a menudo en contextos funerarios tutelando al difunto en su viaje a la otra vida.

Con el emperador Claudio el culto a Attis se hizo oficial en el Imperio y existen pruebas de su presencia en Hispania desde la primera mitad del siglo I d.C, alcanzando su apogeo en la segunda mitad del siglo II d.C.


Las termas públicas.

En la antigua zona portuaria se han hallado restos de unas termas que datan del siglo IV d.C. y que debían ser usadas por las personas que llegaban a la ciudad por vía marítima. 


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.