domingo, 25 de septiembre de 2016

Necrópolis romana de Carmona

El Conjunto Arqueológico de Carmona está constituido por una serie de túmulos tartésicos, un anfiteatro y una de las necrópolis de la antigua ciudad romana de Carmo.

Los restos arqueológicos más antiguos son los túmulos tartésicos fechados en el siglo VII a.C. En este tipo de enterramientos se excavaba una fosa central en el terreno y posteriormente se cubría con un montículo o túmulo de tierra.


El anfiteatro romano es del siglo I a.C y fue excavado parcialmente en la roca del alcor aprovechando la pendiente natural del terreno. Posteriormente, en el siglo I d.C, se construyó en sus inmediaciones la Vía Augusta que comunicaba Hispalis y Gades.


En los márgenes de la Vía Augusta se situaba la necrópolis romana, que en su día estuvo densamente ocupada. Las tumbas más antiguas excavadas hasta el momento se sitúan al S del anfiteatro y están datadas en el siglo II a.C. En ellas el cadáver era enterrado flexionado y con la cabeza orientada al E.

En el siglo I a.C se construyeron tumbas individuales y en los ritos funerarios se utilizaron urnas cinerarias de cerámica pintadas a bandas. Más tarde, en el siglo I d.C. se pasó de las tumbas de inhumación y cremación a la construcción de  complejos funerarios hipogeos colectivos con pozo y cámara simple. Este fue el momento en que la necrópolis alcanzó una mayor monumentalidad, coincidiendo con el apogeo del desarrollo de la ciudad.

Las tumbas hipogeas se dejaron de utilizar entre finales del siglo I d.C y comienzos del II d.C., produciéndose un cambio consistente en la realización de cremaciones individuales para luego enterrar los restos óseos en el mismo lugar donde se había llevado a cabo la combustión del cuerpo.

Las más de cien tumbas que han sido excavadas presentan estructuras funerarias de variada tipología, predominando las cámaras subterráneas de planta rectangular o cuadrangular excavadas en el macizo calcáreo-arenítico de los Alcores.

El acceso a las cámaras se realizaba por un pozo vertical que probablemente estaba revestido interiormente y que presentaba entalladuras en las paredes o escaleras. Salvo en una de las tumbas, en todas las demás el pozo y la cámara eran contiguos, por lo que no existía ningún vestíbulo diferenciado.


En la cámara se situaban varios nichos en los que se colocaban las urnas funerarias que contenían los restos de la cremación de los cuerpos. 


También disponía de un banco que se extendía generalmente por tres de sus lados, a veces cuatro, salvo en la parte donde se encontraba la puerta que comunicaba el pozo con la cámara. Por lo general, en el exterior de la tumba se colocaban vasos de ofrendas y en el interior ungüentarios y una o dos monedas, correspondiendo la mayor parte de las encontradas al reinado de los emperadores Adriano y Antonio Pío. Aunque actualmente no se conservan, por encima de la superficie se edificaron monumentales estructuras como una manifestación de ostentación de sus propietarios.

Si bien la necrópolis de Carmo era genuinamente romana se aprecia claramente la existencia de rasgos orientales de influencia púnica, que confieren a este conjunto arqueológico un carácter singular.

A continuación describiré brevemente algunas de las tumbas más importantes de la necrópolis:


Tumba de Servilia

La tumba de Servilia se excavó a comienzos del siglo XX. Destaca por su monumentalidad y por la singularidad de su planta, lo que la convierte en uno de los monumentos funerarios más importantes de la Hispania romana.


El acceso a la tumba se realiza a través de una escalera que da paso a un corredor.


La tumba de Servilia reproduce el diseño de una casa romana del siglo I d.C, con un gran patio rectangular y porticado, de 24 m de largo por 17,6 m de ancho, con columnas jónicas de fustes estriados y basas sin plinto. 


En el centro del patio se sitúa el influvium, piscina donde se recogía el agua de lluvia, y en uno de los laterales se encuentra una estancia rectangular en la que reposa el sarcófago de Servilia, transportado hasta aquí por Bonsor en las excavaciones realizadas a finales del siglo XIX.


La cámara funeraria es una sala subterránea con cúpula excavada en la roca y arcos de refuerzo, donde se depositaban las inhumaciones en sarcófagos de piedra dispuestos en los espacios entre los arcos. La cúpula mide 4,20 m de altura y en su parte superior presenta un óculo de 50 cm de diámetro. Esta cámara se comunica con otra muy pequeña de 1,20 m de lado, provista de banco corrido y destinada a las incineraciones.


La tumba estaba pintada y decorada con diversos motivos, entre los que podemos señalar círculos, triángulos, rectángulos y temas relacionados con la naturaleza, como plantas, una pareja de palomas o un pájaro de plumas verdes y alas rojas. También se conservan restos de lo que parece ser un/a sirviente que abanica a una mujer que está sentada y que luce un peinado recogido, con raya al medio y un moño alargado atado con cintas.

La tumba de Servilia es la única de la necrópolis en la que se han encontrado estatuas de mármol de estilo clásico. Destaca una escultura de mujer, bien conservada pero a la que le falta la cabeza, y que se supone que representa a Servilia. 


También se halló un retrato de niño de cuerpo entero, desnudo y con peinado de mechones desordenados, que según García y Bellido puede datarse hacia mediados del siglo I d.C.  Por último, señalar el hallazgo de un retrato masculino que Bendala data en época Julio-Claudia (comienzos del siglo I d.C) y que ha sido identificado como Servilio Polion, prefecto de Carmo en tiempos de Calígula.

Por lo tanto, Servilia formaba parte de una importante familia y su tumba sin duda es un monumento marcadamente elitista cuyas dimensiones superan con creces a todas las demás de la necrópolis, lo que muestra de manera inequívoca una clara intención de ostentación propia de una clase social elevada que buscaba diferenciarse del resto de los miembros de la comunidad.


Tumba del Elefante

La Tumba del Elefante es una de las construcciones más lujosas de la necrópolis. En la excavación de esta tumba se hallaron abrazaderas metálicas de puertas, lo que confirma la existencia de un edificio situado sobre la infraestructura funeraria.


Además de por sus características arquitectónicas, la Tumba del Elefante es sumamente interesante por su significación ritual o religiosa, ya que en su interior se encontró una estatua del dios Attis y la de un elefante.


Attis era hijo de Nana, una ninfa del río, y fue criado por un carnero. Destacaba por su belleza, motivo por el cual la diosa Cibeles, la Magna Mater, se enamoró de él. Cuando Attis fue enviado por sus padres adoptivos para contraer matrimonio con una de las hijas del rey, Cibeles se presentó ante él y lo hizo enloquecer. Fuera de sí, Attis se castró a sí mismo y el rey, que iba a ser su suegro, hizo lo mismo. Es por este motivo que los sacerdotes del culto a Attis eran eunucos.

En los cultos mistéricos de los frigios, Attis moría cada año y resucitaba en primavera, por lo que era símbolo de renovación y resurgimiento, de la vida nueva, de la victoria sobre la oscuridad y la muerte. Por eso aparece a menudo en contextos funerarios tutelando al difunto en su viaje a la otra vida.

Con el emperador Claudio el culto a Attis se hizo oficial en el Imperio y existen pruebas de su presencia en Hispania desde la primera mitad del siglo I d.C, alcanzando su apogeo en la segunda mitad del siglo II d.C.


Actualmente sigue sin haber acuerdo sobre si la Tumba del Elefante era un monumento funerario de una familia que profesaba devoción a Cibeles o si también era un santuario para el culto mistérico a Attis y a la Magna Mater, como sostiene Bendala. 


Incluso Jiménez Hernández y Carrasco Gómez señalan una serie de elementos que les lleva a concluir que la Tumba del Elefante fue reconvertida en un mitreo. Destacan aspectos como que la ventana de la tumba no se diseñó para iluminar la sala, sino para proyectar los rayos del sol sobre el centro de la habitación durante los equinoccios. Además los mitreos se localizaban siempre en cuevas que se ubicaban generalmente en espacios habilitados en ámbitos domésticos o, en este caso, funerarios.


Tumba de Postumo

Sobre la cámara subterránea de esta tumba se erigió una gran estructura, como lo demuestran los enormes sillares encontrados en la excavación. Actualmente se conserva el ustrinum, lugar donde se incineraba a los difuntos, un altar y restos de hermosos frescos pintados por C. Silvanus.



Tumba de los Cuatro Departamentos

Destaca por la complicada estructura de cuatro cámaras conectadas por un pasillo, a las que se accede por un profundo pozo. 


Tiene bóveda rebajada y bancos adosados. 


Se desconoce si las cámaras estaban destinadas a una misma familia, a varias emparentadas o si era colectiva.


Tumba de las Guirnaldas

Recibe su nombre por las pinturas que decoran su interior.


Hoy en día se conservan los restos del ustrinum.


Constaba de una construcción exterior y de una cámara subterránea a la que se accedía a través de una escalera. 


Por su tamaño y tipología debió pertenecer a una familia de clase social media-alta. 

Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Bibliografía

Rodríguez Temiño, Jiménez Hernández, González Acuña y Ruíz Cecilia. Avance de las nuevas investigaciones en la necrópolis romana de Carmona.

Abad Casal y Bendala Galán. La tumba de Servilia de la necrópolis romana de Carmona.Jiménez Hernández y Carrasco Gómez.

La Tumba del Elefante de la Necrópolis Romana de Carmona. Una revisión necesaria desde la Arqueología de la Arquitectura y la Arqueoastronomía.

Blanco García y Pérez González. Escultura de Attis en la Submeseta Norte.

viernes, 1 de julio de 2016

Citania de Santa Luzía

La citania de Santa Luzía o Cidade Velha se encuentra en el Monte de Santa Luzía, en el extremo SO de la sierra del mismo nombre. Desde esta atalaya situada a 226 m de altura se contempla una hermosa panorámica de la ciudad de Viana do Castelo, el estuario del río Limia y una amplia zona costera.


Conocida desde el siglo XVII, fue inicialmente excavada en 1876 por Joaquim Possidónio Narciso da Silva, fundador de la Real Associaçao dos Architectos Civis e Archeologos Portuguezes, pero la mayor parte de las edificaciones fueron desenterradas a partir de 1902 por Albano Ribeiro Belino. La reconstrucción de parte de la acrópolis la realizó en 1910 Félix Alves Pereira y desde 1980 es el Instituto Portugués do Patrimonio Arquitectónico el que se encarga del estudio y conservación de la citania.

Si bien se calcula que su superficie original era de unos 60.000 m2, el área excavada en las primeras campañas no superaba los 40.000 m2, de los que 22.000 m2 correspondían al espacio comprendido dentro de la muralla interna. Hasta el siglo XIX su estado de conservación era muy bueno, pero sólo en el período transcurrido entre la primera excavación de 1880 y la de 1902, ya había desaparecido la mitad de los 960 m de perímetro amurallado. Las obras de construcción de las carreteras y del hotel (1918) ocasionaron enormes daños y actualmente tan sólo se conserva la tercera parte de lo excavado.


El urbanismo

Las grandes citanias del NO peninsular fueron construidas siguiendo un “proto-urbanismo castreño de influencia mediterránea” (Sande Lemos),  que se caracterizaba por un diseño basado en un eje principal de N a S que se ramificaba ortogonalmente en calles transversales formando barrios. Éstos a su vez se dividían en unidades habitacionales delimitadas por un muro y compuestas por varias construcciones, por lo general de planta circular, una de las cuales era la habitación principal de la familia mientras que en las otras residían los demás miembros. También había dependencias de planta rectangular que se empleaban como almacén para los aperos, despensa o establo, así como unas pequeñas cisternas en las que se almacenaba el agua de lluvia.


Las unidades habitacionales convergían en un patio común con el suelo enlosado, que era el punto central de la vida familiar y donde se realizaban las tareas cotidianas, se cocía la cerámica, se tejía y se desarrollaba la metalurgia del bronce y el hierro.


En Santa Luzía la distribución de las casas es mucho menos compacta y más desordenada que en la mayoría de las citanias. Las diferentes viviendas se reparten en seis sectores (Abel Viana. Citania de Santa Luzía):

-       sector I: situado al S-SO en ligera pendiente.
-       sector II: al E y en cuesta.
-       sector III: acrópolis o parte superior de la citania.
-       sector IV: inmediatamente por debajo del sector III.
-       sector V: en la parte S de la citania.
-       sector VI: zona de afloramientos rocosos.

La citania de Santa Luzía comenzó a ser poblada en la primera Edad del Hierro (siglos VIII a IV a.C) y fue habitada ininterrumpidamente hasta el siglo II d.C. Su diseño urbanístico es característico de la Segunda Edad de Hierro, entre el siglo II a.C y la campaña militar de Decimus Junius Brutus en 137 a.C, y algunos autores lo interpretan como una muestra de la influencia romana


Las murallas

La citania de Santa Luzía estaba delimitada por tres grandes murallas que circundaban el recinto oval donde se sitúa la acrópolis.


Para la construcción de cada una de las murallas se levantaron dos muros paralelos y posteriormente se rellenó el espacio entre ambos con tierra y piedras. El grosor de estos muros varía según las zonas entre los 0,95 m y los 2,6 m y el acceso al interior se realizaba a través de unas puertas situadas en la mitad del muro occidental.


Las murallas estaban separadas por dos fosos y disponían de dos torres con escaleras de acceso y un camino de ronda. Por fuera de la muralla interior el terreno presentaba una fuerte pendiente, salvo por el lado N, por lo que el dispositivo defensivo se reforzó en esta parte con muros de mayor grosor y una torre. La otra se erigió para defender el lado E de la muralla. En las escaleras de la muralla se han encontrado dos agujeros que formaban parte de las canalizaciones de agua pluviales.


Las unidades habitacionales

En las excavaciones realizadas hasta el momento se hallaron al menos 74 casas, de las cuales 63 tenían paredes curvas y 11 rectas. En cuanto a su tipología, 27 eran circulares sin alpendre, 18 circulares con alpendre, 9 elípticas sin alpendre, 2 elípticas con alpendre, 11 rectangulares, 3 circulares incompletas y 4 con plantas de estructura distinta a las anteriores. El diámetro de las casas redondas sin alpendre varía de 1,40 m a 5,30 m y el de las alpendradas de 3,70 m a 5 m (Abel Viana. Citania de Santa Luzía).


Se supone que las viviendas tendrían una altura aproximada de 4 m y aún hoy en día podemos ver en el centro de varias de ellas la piedra sobre lo que se asentaba la viga que sostenía el tejado cónico, formado principalmente por materia vegetal y quizás también por lajas de gneis. Los muros de las unidades habitacionales tienen un grosor es de 0,35-0,55 m y en la mayor parte de ellas la entrada está orientada al SO-SE, en la dirección de la pendiente del terreno, lo que impedía que se inundaran con el agua de la lluvia.


Si bien todas las construcciones de la citania son muy interesantes, las más famosas sin duda son una vivienda y un muro realizados con un paramento helicoidal que destaca por su belleza.



Organización social y económica de la citania

La citania de Santa Luzía se situaba en un enclave de gran importancia estratégica, al tratarse de un punto intermedio entre el litoral y las montañas del interior, desde donde se dominaba el estuario del río Limia. Desde este emplazamiento se controlaban los productos procedentes de la costa, principalmente la sal, así como las mercancías que llegaban vía marítima, especialmente bienes de lujo de origen mediterráneo como telas o cuentas de collar. Estos artículos eran canjeados por los metales que llegaban a la citania desde los yacimientos del interior.


Los habitantes de la citania disponían de gran variedad de recursos alimentarios ya que en los valles se cultivaba cultivaba millo, lino, trigo y cebada. Los bosques de roble y alcornoque suministraban bellotas para el ganado porcino y quizás también para las personas, y en las laderas de las montañas se alimentaba y criaba ganado bovino, ovino y caprino. Además se practicaba la pesca tanto costera como en las riberas del río Limia.

El material de construcción era muy abundante y se extraía de los afloramientos graníticos situados en la parte superior del monte. Para la extracción de la piedra se empleaba un método que consistía en realizar líneas de fractura en las rocas mediante pequeños orificios en los que se introducían cuñas de madera que se dilataban al ser mojadas, lo que provocaba que el granito se quebrase al ejercer presión sobre él.

Es de suponer que en la citania vivía bastante más gente que la que se deduce del número de casas excavadas, ya que de lo contrario no habría efectivos suficientes como para defender las murallas. Sería por lo tanto una población bastante numerosa que se organizaba en grupos familiares especializados en determinadas actividades, como por ejemplo la metalurgia o la fabricación de cerámica.

En las distintas excavaciones realizadas en la citania se han encontrado un gran número de restos pétreos, como pías de granito para el alimento de animales domésticos, muelas de molino, hornos y otros muchos utensilios que nos permiten conocer cómo era la vida de sus habitantes.


La presencia romana en Callaecia comenzó en el 137 a.C con la campaña de castigo contra la Lusitania emprendida por Decimus Junius Brutus y que le llevó hasta el río Limia, para después continuar avanzando hasta el Miño y alcanzar la costa. La derrota infringida por Decimus Junius a los galaicos le valió el sobrenombre de Callaecus.

Con la llegada de los romanos se produjo una reestructuración política y militar de las poblaciones indígenas, que tuvo su reflejo en la reordenación del territorio. La población, que hasta entonces había habitado en pequeños castros, se agrupó en citanias con una gran densidad demográfica.

La citania de Santa Luzía sufrió una intensa romanización, como lo demuestran los numerosos utensilios encontrados.

Fíbulas y hebillas. Citania de Santa Lucía.

Pero en ningún caso debemos suponer que los habitantes de Callaecia eran una población atrasada antes de la llegada de los romanos. Todo lo contrario, ya que desde finales de la Edad de Bronce la producción de oro y estaño convirtieron al NO peninsular en un polo económico de primer orden, un eje comercial de la Europa Occidental por el que transitaban productos de alto valor, tanto del área atlántica como mediterránea. Es en este contexto en el que, durante la Edad de Hierro, se desarrolló en el S de Galicia y el N de Portugal la arquitectura doméstica y el urbanismo más complejo y monumental de toda la Europa Atlántica, del que la citania de Santa Luzía es una destacada muestra, como también lo son la citania de Briteiros, Sanfins, Santa Trega, A Troña o los castros de Vigo, entre otros.

Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

viernes, 13 de mayo de 2016

Estela o estatua–menhir de Pedra Alta

La estela o estatua–menhir de Pedra Alta fue encontrada al SO del ayuntamiento de Castrelo do Val (Ourense), cerca del límite con el de Verín, en una llanura aluvial de la ribera del río Támega. En el año 2010, Xosé Luis Lorenzo Rúa la descubrió enterrada a medio metro de profundidad, en una finca propiedad de su hermano, y tras excavar para sacarla, la escondió bajo unos árboles. Posteriormente comentó el hallazgo con un vecino de Verín llamado Bruno Rúa Martínez, quien a su vez lo puso en conocimiento de los arqueólogos Alberte Reboreda Carreira y Eduardo-Breogán Nieto Muñiz.


La estela de Pedra Alta mide 175 cm de alto, 63-70 cm de ancho y su grosor es de 30-33 cm, siendo su peso de 800 kg. La roca sobre la que se labró es de granito de grano medio, un tipo de piedra que no se halla en la zona por lo que tuvo que ser transportada desde al menos 3 km, distancia a la que se encuentran los afloramientos más cercanos. Su estado de conservación es bueno aunque presenta algunos golpes y ralladuras provocadas por algún tipo de maquinaria.

Para conferirle una cierta silueta antropomorfa se le practicaron cuatro escotaduras, con lo que la estela fue transformada en una estatua-menhir. En una de sus caras se realizaron una serie de grabados mediante la técnica de piqueteado.



En la parte superior, sobre lo que vendría a ser el pecho, aparece una espada envainada de 53 cm de largo y 8 cm de ancho, provista de una correa o cinto.


Más abajo, en el centro de la estela, está grabado un escudo con asidera y escotadura en “V”, formado por tres círculos concéntricos y que tiene un diámetro exterior de 33 cm. Su tipología es muy similar a la de los escudos originarios de Creta y Chipre y que también se han encontrado en Irlanda, Dinamarca y Suecia.


A la izquierda del escudo vemos un grabado que pudiera representar una lira homérica,  phorminx o forminge, uno de los más antiguos instrumentos musicales de la Grecia antigua y que a menudo aparece representado en las estelas. 


Se trata de un instrumento mezcla de lira y citara, con una caja de resonancia en forma de “D” a la que iban sujetas entre de dos y siete cuerdas, generalmente cuatro. La presencia de instrumentos musicales en las estelas indica que eran empleados en ceremonias y actos sociales, en los que probablemente se entonarían cantos y recitarían poemas épicos o funerarios.

Phorminx según M. Wegner

Debajo del escudo está labrado un carro de dos ruedas tirado por dos caballos. Se aprecia su caja en forma de “D” con el frente en la parte curva. Se trata del tipo de carruaje característico de las estelas del SO peninsular y se corresponde con el modelo griego descendiente del micénico, de planta curva,  eje en el centro de la caja ligera con barandilla provista de grandes asideros traseros y ruedas de cuatro radios. (Crouwel,  J.H. (1981): Chariots and other means of Land transport in Bronze Age Greece) (Muzzolini (1988): "Les chars des stéles du sud-ouest de la Péninsule Ibérique, les chars des gravures rupestres du Maroc et la datation des chars sahariens").

Reconstrucción del carro del yacimiento de La Joya. 700-501 a.C (J. Jiménez Ávila)

Por último, debajo del carro, vemos lo que pudiera ser una lanza de 63 cm de largo y 2 cm de grosor, en posición horizontal y que  ocupa el ancho de la estela.

Conclusiones

La estela de Pedra Alta es hasta el momento la única de su tipo encontrada en Galicia y corresponde a las denominadas estelas de guerreros del SO peninsular, de las que se conocen más de cincuenta en la Península Ibérica y que han sido datadas entre el Bronce Final y los inicios de la Edad de Hierro. Estas estelas se concentran principalmente en Extremadura, Sevilla y Córdoba, pero también se han encontrado estelas de este tipo en lugares como Valpalmas (Zaragoza) o en Chillón (Ciudad Real).

No existe consenso en lo que se refiere a la función que desempeñaban las estelas de guerreros. Almagro y otros muchos autores consideran que tenían carácter funerario y que se hincaban en el suelo señalando el emplazamiento de una tumba, pero la verdad es que hasta el momento no se ha encontrado ninguna asociada a una sepultura. Otras hipótesis plantean que se trataba de delimitaciones territoriales o que conmemoraban determinados acontecimientos, como por ejemplo el lugar en el que murió algún importante guerrero en el curso de una batalla.

Según M. Bendala Galán (Las estelas decoradas del SO y orígenes de Tartessos), la difusión de las estelas grabadas es un indicio de que se produjo una inmigración de pueblos que trajeron sus armas, carros de batalla, ritos funerarios, música y cantos, incluso su propia escritura, lo que provocó un enorme cambio cultural en la población indígena de la Edad de Bronce en el SO peninsular. 

La estela de Pedra Alta tiene una gran importancia porque demuestra la conexión de Galicia con la zona SO peninsular a través de la Vía de la Plata. Tanto el phorminx como la tipología del carro parecen indicar la existencia de contactos con una influencia mediterránea oriental que tuvo lugar a comienzos del siglo VIII a.C. Además,  el topónimo “Pedra Alta” indica que la estela estuvo hincada en este lugar tanto tiempo como para dar nombre al lugar y servir de límite territorial.

Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

lunes, 2 de mayo de 2016

Antas de Mezio

Entre las feligresías de Cabana Maior y Soajo pertenecientes a la villa de Arcos de Valdevez, se encuentran algunos de los megalitos más interesantes de la Serra da Peneda-Gerês. En este artículo me centraré en los túmulos de Chã de Mezio, una amplia llanura de gran belleza situada a unos 700 m de altitud entre los montes Guidão y Gião.


Los túmulos megalíticos de Arcos de Valdevez fueron estudiados por Felix Alves Pereira y, más recientemente, por A.M Baptista. A principios del siglo XX, Alves Pereira identificó más de 60 túmulos o mámoas en la Serra de Soajo, describiendo al menos 46 de ellas que se distribuían en pequeños grupos a lo largo de unos 10 km de la margen izquierda del río Vez. 

En el Alto de Gião hay dos mámoas, una de ellas en el gran conjunto de arte rupestre que existe en esta cima. En el Chã de Mezio hay al menos 16 túmulos, entre los que destacan los siguientes:

Mámoa 1: Conocida como la Anta de Mezio y situada a 640 m de altitud, es de planta poligonal formada por ortostatos imbricados sobre los que descansa la gran laja de la cubierta, mostrando también restos del corredor orientado al E.


El túmulo es de grandes dimensiones y está relativamente bien conservado, aunque en parte fue destruido por la construcción de la carretera N202 que une Cabana Maior y Soajo.

Mámoa 2: Situada a unos 200 m de la anterior y a 655 m de altitud, está parcialmente excavada y conserva la cámara poligonal, la gran losa de la cubierta y restos del corredor que se orienta hacia el E.


Mámoas 5 y 6: Situadas al S de la N202 en el camino que lleva a la cumbre del monte Gião. 

Mámoa 5
Mámoa 6

La mámoa 6 tiene cámara de planta poligonal con una pequeña abertura frontal y está compuesta por un vestíbulo formado por dos pequeñas losas graníticas laterales y una tercera que cierra frontalmente el espacio. 


Está datada en la segunda mitad del V milenio a.C, aunque el material lítico encontrado en la excavación realizada por Nuno Miguel Soares entre 1996 y 2000, indica un momento de ocupación del sepulcro próximo a la segunda mitad del III milenio a.C.

Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

domingo, 20 de marzo de 2016

Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)

Aves/Charadriiformes-Charadrii/Recurvirostridae/Himantopus



Distribución

Subespecies y distribución:

H. h. himantopus: Francia y S de Iberia hasta el África Sub-Sahariana y Madagascar y E y C de Asia y NC de China, India, Indochina y Taiwan.
H. h. leuococephalus: Java y por el E hasta Nueva Guinea y por el S hasta Australia y Nueva Zelanda; inverna al N hasta Filipinas, islas mayores de la Sonda y Sulawesi.
H. h. knudseni: Islas de Hawai.
H. h. mexicanus: O y S de Estados Unidos a través de América Central, Antillas y Bahamas hasta el SO de Perú, E de Ecuador y NE de Brasil.
H. h. melanurus: N de Chile, EC de Perú a través de Bolivia y Paraguay hasta el SE de Brasil y por el S hasta SC de Argentina.

La población europea se estima en 33.000-55.000 parejas. En España es principalmente estival y se la ve también durante los pasos prenupcial (febrero-mayo) y postnupcial (julio-octubre). La población reproductora española se calcula en 14.000-15.500 parejas que se reparten por casi todas las comunidades autónomas, especialmente en el delta del Ebro y las marismas del Guadalquivir, donde se concentra más de la mitad de la población reproductora. También cría en Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid, La Rioja y Aragón.

En Galicia su presencia es muy escasa. Se la puede ver en verano y también en los pasos, a partir de marzo, y más raramente en invierno. En la Ría de Vigo he tenido la oportunidad de observarla en el mes de marzo en la desembocadura del Río Lagares.  Existen también referencias locales de su reproducción en tierras gallegas, en concreto en la ensenada de la Insua y estuario del río Anllóns (Ponteceso) y en A Limia, así como posibles intentos de anidar en la Ramallosa (Nigrán) y en Rouxique (Sanxenxo).

Hábitat

Humedales poco profundos de las regiones templadas y tropicales. Sus hábitats de cría son principalmente zonas de agua dulce, pantanos, riberas de lagos, cauces de ríos, estanques de aguas, campos inundados, pero también salinas y marismas costeras. Con frecuencia se la encuentra en lagos alcalinos y a veces en lagos de zonas montañosas por encima de los 2000 m in Turquía y 2500 m en el C de Méjico, así como entre los 2500-4200 m en Perú, Bolivia y NO de Argentina.

Identificación

35-40 cm; 166-205 g; longitud de los tarsos 10-12,5 cm en los machos, más cortos en las hembras. Limícola inconfundible por su aspecto grácil, esbelto y delicado, de larguísimas patas rosadas y pico negro, largo y fino, en forma de aguja. Las partes superiores son de color negro y el resto del cuerpo es blanco. Las alas son negras o negruzcas, tanto por dentro como por fuera, con las axilares blancas. La cola es pardo-grisácea clara.


En plumaje reproductor el macho muestra un color negro irisado en las partes superiores y una mancha negra en el píleo y nuca. La hembra presenta el dorso de una coloración negra más parduzca y apenas muestra coloración en la parte posterior de la cabeza. En invierno la coloración es más parda.

Los jóvenes son semejantes a las hembras adultas en plumaje invernal, más pardos, con parte superior de la cabeza y posterior del cuello de color terroso, bordes claros en las plumas del manto, secundarias con puntas blancas y patas de color gris rosado.

Cigüeñuela común juvenil

Las razas difieren principalmente en el patrón de coloración de la cabeza y la parte posterior del cuello, que va desde el blanco predominante en la raza nominal, aunque también muestra una cantidad limitada de color gris o negruzco en estas zonas, pasando por la coloración intermedia de las razas leucocephalus y melanurus,  hasta el negro continuo de la raza mexicanus y especialmente de la knudseni. Por otra parte, las razas mexicanus y knudseni presentan mayor dimorfismo sexual en el plumaje, mientras que los juveniles de leucocephalus carecen de la coloración negra en la nuca y parte posterior del cuello, pudiendo ser blanca o gris.

Su silueta de vuelo es inconfundible, con alas triangulares muy puntiagudas y el cuello y las patas extendidas, sobresaliendo 18 cm por detrás de la cola.

Alimentación

Se alimenta principalmente de invertebrados, como insectos acuáticos y sus larvas, arañas, gusanos, moluscos, renacuajos. También de pequeños peces y sus huevos. Captura a sus presas empleando diversos métodos visuales y táctiles. Los machos a menudo buscan alimento en aguas más profundas que las hembras. 

Nidificación

Su época de cría es muy variable según las regiones. En el N de África cría antes de marzo y no antes de mayo en el N de su área de distribución. En España la puesta se produce entre abril-agosto. Aunque a veces puede nidificar en solitario, por lo general lo hace en colonias de tamaño variable, que van de 2 a 50 parejas y rara vez superan las 100 parejas.

El nido se sitúa en el suelo, en un montón de hierba o fango con una somera depresión forrada con materia vegeta. En ella deposita de 3 a 6 huevos de color marrón-oliváceo, con motas oscuras, negras y grises, que serán incubados por ambos progenitores durante 22-26 días. Los pollos son nidífugos y están cubiertos con un plumón blanco por debajo y ocráceo manchado de oscuro por encima. Vuelan a los 28-32 días y se independizan de sus padres 2-4 semanas después. La primera reproducción suele producirse cuando alcanzan 1-2 años de edad. 

Conducta

Ave tranquila y por lo general silenciosa que se desplaza dando grandes zancadas, vadeando lentamente las orillas y aguas someras en busca de alimento. 


En caso de verse amenazada se muestra muy nerviosa y en época de cría sobrevuela al intruso que se acerca a su nido, emitiendo gritos incesantes.

Su vuelo es recto con algunos planeos, sobre todo antes de posarse, y en desplazamientos largos puede volar a gran altura. Es capaz de nadar, pero lo hace muy raramente.

Entre sus reclamos podemos señalar una nota aguda “tiouit-tiouit”, un “kaiíc, kaiíck” y una voz de alarma “kii-ik, kii-ik” repetida y penetrante que emite en caso de verse amenazada. También emite un “quec” semejante al de la Focha Común y un “quiiarr” parecido al de los charranes.

Suele agruparse en pequeños grupos que al llegar el otoño se unen formando bandos migratorios de incluso centenares de individuos, que se concentran  en los estuarios costeros y en grandes masas de aguas continentales. 

Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Ana Durán Besada y F. Javier Torres Goberna ©.

Bibliografía

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Del Hoyo, Elliott & Sargatal
Lynx Edicions

Guía Baia das aves de Galicia
Carlos Pedreira López, Carlos Silvar, X.M. Penas Patiño
Edicions Baia

Guía de campo de las aves de España y Europa
Roger Tory Peterson, Guy Monfort, P.A.D. Hollom
Editorial Omega

Guía de la aves de España
Eduardo de Juana y Juan M. Varela
Lynx Edicions

La guía de Incafo de las aves de la Península Ibérica y Baleares
Ramón Sáez-Royuela
Editorial Incafo